EL PAPEL DE LA MUJER EN LA INDUSTRIA DEL VIDEOJUEGO

Permitidme disculparme por una entrada que se sale de la tónica habitual en Old School Generation.
Para hablar de la mujer, antes quisiera citar a un par hombres, como el ilustre Malibranche y el venerado Feijoo, quienes desde tiempos pasados sostuvieron que la mujer era perfectamente apta para el estudio de la literatura, las artes y las ciencias.
Incluso cuando dichas afirmaciones eran consideradas entre sus compañeros de profesión como un pecado inmenso e indigno de perdón.
Llegados a este punto, me sería posible nombrar a mujeres como la simpar madame Roland, cuyo fecundo genio fomentó y dirigió la Revolución Francesa durante sus más gloriosos días.
O Rosa Bonheur, una profunda paisajista dotada de un talento que no conoce rival.
También podría aludir a Jorge Sand, aquella novelista cuya fama bien podría equipararse a la de Balzac y Walter Scott.
Sin olvidar a cientos de mujeres indomables, tales como Santa Teresa de Jesús, caracterizada por un espíritu ardiente capaz de penetrar en los más intrincados laberintos de la teología mística; Juana de Arco, Catalina de Rusia, y tantas otras féminas que la historia, no mucho más imparcial que el resto de los hombres, registra entre sus páginas.
La razón es bien sencilla: ellas se revelaron enérgicamente contra la vulgar idea de que la mujer tan sólo sirve para labores domésticas, apartándose para siempre de la vida pacífica y lanzándose contra las revueltas ondas de los túmulos del mundo.
Aquellas mujeres, ignorando su destino, conquistaron toda la gloria mundana, luchando siempre como sombras indefinibles y vagas en medio de lo incierto.

Y por qué recurro a dichas celebridades de un pasado más o menos remoto, se preguntarán los atareados lectores a estas alturas.
He aquí la respuesta, sin mayores adornos ni artificios.

Porque aquella figura de la mujer que no se ciñe a las reglas establecidas, se rige por sus propios pensamientos, y cuya alma se satisface de impresiones sigue bien presente en nuestros días, y su reflejo se aprecia sin excesivo esfuerzo en la industria de los videojuegos.
Pues han sido ellas las encargadas de aventurarse en un sector pensado por y para los hombres, y de decirle al mundo entero, hoy más que nunca, que los videojuegos son de todos y para todos, independientemente del género.
Ellas no han conocido la palabra derrota, y si acaso alguna vez la han encontrado, sólo cantos de libertad y pasión han balbuceado entre sus labios.
Porque nunca en estas proliferas articulistas, de las que os hablaré en breve, ha dominado la esperanza de gloria, ni han soñado siquiera con laureles que oprimiesen su frente.
Y han demostrado, una vez más, que el patrimonio de la mujer no son los grillos de la esclavitud.
Con sus artículos nos han hecho libres, y han compartido su propia ley y destino con todos nosotros.
Por eso nunca le estaré lo suficientemente agradecido a numerosas autoras del calibre de LaGeller, Rokuso3, MarinaNT, Jero Chan, Paz Boris, Kahos, Ínfila, Enkaru o Fenris, entre tantas otras.
Porque, con el amor que le profesan a esta industria por bandera, han demostrado que su hechura es igual a nuestra misma hechura, hombres, blogeros y redactores que llevamos años escribiendo casi a diario.

Gracias compañeras porque, con cada artículo, nos estáis dando una magistral lección de periodismo a todos los que estamos inmersos en este singular mundillo desde nuestra más tierna juventud.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.