EN AGRADECIMIENTO A “KEYLO”

Keylo

He vuelto a verlo.

Ocurrió hace escasos días, en un atardecer de aquellos que justifican o confirman un día, un otoño, o una vida.

Me encontraba, como de costumbre, dándole a la tecla y oteando a través de la cristalera, con el sol posado sobre una franja de nubes bajas, y toda esa luz rojiza reflejándose con millones de pequeños destellos sobre la mar.

Fue entonces cuando descubrí algunas ilustraciones de Karolina, que con tanto afecto le dedicó a esta humilde página.

Sonic Karolina Lopez

Aquellos dibujos y sus vivos colores me resultaron tan familiares que dejé aparcado el correspondiente artículo, así que me entretuve observándolos, y casi pude sentir el aroma primaveral que los impregnaba, y por alguna razón asociaba con mi niñez.

Entonces todo regresó de golpe: olores, sensaciones, imágenes…

Una puerta abierta en el tiempo, y yo mismo otra vez, con algunos años menos y la mano rebuscando en el estuche de turno.

Fue una experiéncia gratificante.

Oía de nuevo el rumor de mis compañeros de clase, empeñados en recrear las vivencias de Sonic y Mario, por ese mismo orden.

De nuevo el silencio, sólo roto por alguna sonrisa ocasional y contagiosa, la brisa, y los juegos sin gestos ni palabras tan habituales en los patios de colegio.

La impecable soledad de un territorio que he transitado en la memoria durante miles de ocasiones, ahora irreconocible y, sin embargo, milagrosamente familiar.

Por aquel entonces los videojuegos no habían sido considerados dañinos, ni causantes de todos los males mundanos, y un niño podía disfrutar durante horas en compañía de buenos amigos, para más tarde ilustrar a sus personajes favoritos.

Otros tiempos.

Otra gente.

Acaso otra vida.

Veranos interminables jalonados de revistas, tales como Super Juegos o Hobby Consolas, engalanados por horizontes azules y noches con el rumor del oleaje o de grillos cantando alegremente.

Y así, los días y las noches se sucedían junto a la Master System, o la NES, sin otro objeto que embarcarse en toda suerte de viajes y aventuras imposibles, o vagar soñando con ser un héroe en lugares inhóspitos entre badniks, koopas y final bosses de tamaño XXL y mala leche infinita.

Keylo playing videogames fanart

Era fácil soñar con los ojos abiertos.

Quizá demasiado.

Bastaba con sentarse frente al televisor, encender la consola, y nada impedía recoger poderosas esmeraldas, penetrar en infranqueables castillos, y, ya puestos, salvar a hermosas doncellas que siempre estaban dispuestas a ser rescatadas.

Human Rouge the Bat

Volver exhausto de una ciudad olvidada, sortear ríos de lava o verse arrojado, espada en mano, contra las huestes del mal.

Y cada vez que un dibujo captaba aquellas emociones, permanecer inmovil mirándolo, preguntándose qué artista lo había hecho posible.

No en vano, sobre sus trazos las fronteras del mundo se volvían difusas para mezclarse con nuestros sueños.

Todo eso recordé mientras observaba la dedicatoria de Karolina Lopez.

Y sonreí conmovido y nostálgico.

Después de un largo camino de más de treinta años, de nuevo creía reconocer al niño que fui.

Pero los ojos que ahora contemplaban conmovidos el dibujo habían perdido toda su inocencia.

Nadie navega impunemente por el arte, ni por la vida.

El sol estaba a punto de desaparecer cuando resolví continuar con mi labor, no sin antes comprometerme conmigo mismo a dedicarle unas líneas por tan gentil detalle.

Así que avisados estáis, si como al arriba firmante os gusta soñar despiertos, y frecuentar lugares sólo posibles en alas de la muy propia imaginación, encaminad vuestros pasos hacia la siguiente página.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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