EN TRIBUTO A “THE ELF” Y “NÉMESIS”

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Ya no quedan redactores como ellos.

Y a los que una vez lo fueron, los estamos jubilando prematuramente.

De vez en cuando llegan artículos de jóvenes promesas, de gente apasionada que duerme mal y sueña despierta, preguntando cómo se hace.

Pero ya no se hace.

Ahora, en el sector de los videojuegos, hay periodismo serio y equipos de investigación, y se adiestran robots de emociones frías, conectados a un ordenador.

Fijensé que, si mal no tengo entendido, incluso se les exige cursar una asignatura de ética profesional en las facultades.

Ahora todos tienen la Certeza con mayúscula sentada en el hombro y la obligación de ser responsables, la misión de liderar opinión, salvar la democratización del ocio electrónico, garantizar la libertad de expresión y cosas por el estilo.

Ahora, revistas y redactores se toman tan en serio a sí mismos que aburren a las ovejas.

Así que, los viejos autores, aburridos, se van para no volver.

Los últimos en abandonar el Grupo Zeta, según me informaba hace escasos días mi apreciado compañero Alexey Kiddo, son The Elf – léase Marcos García – y NémesisBruno Sol -.

Los jóvenes plumillas y sus lectores a duras penas participaron de los orígenes, maduración y culminación de esta peculiar industria en nuestro país, ni maldita falta que les hace.

Pero hace décadas, el arriba firmante era un completo pardillo en materia de videojuegos.

Y aquellos experimentados colaboradores, con sus textos, lo adiestraron a base de bien.

Ya no quedan revistas ni escritores como los de entonces.

Llegué al mundillo cuando apenas estaba floreciendo, y tuve el privilegio de crecer entre las reseñas de los ilustrísimos The Punisher, The Scope, R. Dreamer, Spidey, J.C. Mayerick, De Lucar o J.L. Skywalker, entre tantos otros.

Gracias a ellos conservo un amor incondicional por aquel periodismo bronco, caliente, hecho de olfato y de oficio, donde todos se dejaron la salud y la vida.

Aquella droga de cada mes les manchaba los dedos de tinta fresca, con grandes titulares que nos hacían soñar, acompañados por un sugerente seudónimo.

Seudónimo que, por otra parte, fue su único legado.

Porque vivieron siempre a salto de mata, dando sablazos a los directores y a los amigos, trampeando y bebiéndose la vida, quemándola cada día entre incontables títulos de lo más variopinto.

Fueron golfos a su manera, y hasta super golfos – no sé si captan la ironía del asunto -, tahúeres, escépticos y resabiados; pero los redimía siempre aquella manera de escribir y de olfatear la noticia, y la pasión violenta con la que vivieron la vida que habían elegido vivir.

Nunca, que yo sepa, pretendieron hacer nada trascendente, convertirse en líderes de opinión o en misioneros salvapatrias.

Sus adversarios fueron algunos superiores de estrechas miras, bajo cualquiera de sus formas, y con ellos se echaban un pulso a diario.

La objetividad les daba mucha risa, y jamás la estricta realidad les estropeó un reportaje ejemplar.

En cuanto a la popularidad, les importaba bien poco, salvo quizá por el dinero que pudiera repercutir.

Fueron honrados mercenarios de la noticia, capaces de robarle una exclusiva a la publicación rival, pero leales hasta la muerte con sus amigos y las revistas que les daban de comer.

El mundo ha cambiado.

Ya no hay sitio para ellos ni sus escritos despertinos, cimarrones, bohemios y entrañables.

Y quizá sea mejor así.

Pero lo cierto es que siempre los echaré de menos, y daría cuanto tengo por reencontrarme de nuevo con aquella vieja redacción, tímido y joven una vez más, incapaz de abrir boca u opinar, mirando con reverencial respeto cada uno de sus textos.

Ahora ya soy un veterano curtido en materia, pero cada vez que me tropiezo con uno de aquellos encomiables análisis, sonrío a la memoria de las viejas glorias que me enseñaron ese oficio tan duro, ingrato y hermoso al mismo tiempo.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.