EN TRIBUTO A UNO DE LOS MAYORES COLECCIONISTAS DE NUESTRO PAÍS

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¿Qué opinas sobre determinado autor?

Un buen amigo y afamado redactor en diversas páginas web de probado prestigio me interrogaba de ese modo.

Por norma general me niego a responder preguntas que no guarden relación directa con mi trabajo, pero en este caso su curiosidad estaba sobradamente justificada.

Me parece una persona sensible, delicada e inteligente – respondí.

Tuve la ocasión de hablar con él en repetidas ocasiones, e incluso recibí algún juego dedicado, en un intento por animarme cuando más lo necesitaba.

Hice una pausa, pero necesitaba continuar.

Hay algo que en verdad no entiendo: ¿por qué cierto personaje pasó a atacar su figura, pese a haber demostrado su generosidad en repetidas ocasiones?.

Antes las críticas eran positivas.

No era propiamente una pregunta, sino una provocación, pues ya me imaginaba la respuesta: las opiniones de dicho individuo cambiaron, al menos parcialmente, por envidia, el más amargo de los sentimientos humanos.

Ahora bien, mi contertulio fue más sutil.

Porque transgredió la ley de Jante.

Evidentemente, yo no tenía ni la más remota idea de a lo que podía referirse.

Aquellos que pretendan instriurse en esta ley, deben saber que fue enunciada oficialmente en 1.933 por el escritor Aksel Sandemose en la novela En flyktning krysser sitt spor – algo así como Un refugiado traspasa sus límites -.

La triste comprobación es que la ley de Jante se aplica en todas las regiones del mundo, aunque los españoles acostumbremos a decir que “esto, por desgracia, sólo acontece aquí“, o los franceses insistan en que tal o cual mal es propio de su país.

Intuyo que como lector debe estar irritado por haber leído hasta el párrafo que nos ocupa sin saber de qué se trata exactamente semejante ley, de modo que intentaré resumirla con mis propias palabras:

Tú no vales nada, nadie está interesado en lo que piensas.

La mediocridad y el anonimato son la mejor opción.

Si actúas así, nunca tendrás grandes problemas en la vida.

La ley de Jante sitúa en su marco el sentimiento de celos y envidia que a veces da mucho dolor de cabeza a nobles personas como mi amigo autor.

Este es uno de sus aspectos negativos, pero existe algo si cabe más peligroso.

Gracias a ella, el mundo ha sido manipulado de todas las maneras imaginables por gente que no teme al comentario de los demás y acaba haciendo el mal que desea.

Y así, vemos un gran abismo entre los países ricos y pobres, injusticia social por doquier, violencia verbal descontrolada, personas que se ven obligadas a renunciar a sus sueños por ataques injustos y cobardes.

Antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, Hitler dio varias señales de sus intenciones y aquello que le permitió avanzar fue saber que nadie se atrevería a desafiarlo a causa de la ley de Jante.

La mediocridad puede ser cómoda, hasta que un día la tragedia llama a la puerta y entonces todos se preguntan cómo ha podido suceder tamaña fechoría.

Por tanto, para evitar que la situación empeore cada vez más, tal vez ha llegado el momento de redactar la ley opuesta:

Todos tenemos un valor intrínseco.

Nuestro trabajo y obra son importantes, aunque en ocasiones pudiera parecer todo lo contrario.

Claro que, pensando así, puede que algunos sufran no pocos problemas a causa de transgredir la ley de Jante, tal como le ha ocurrido a mi apreciado compañero.

Pero conviene seguir su ejemplo y no dejarse intimidar por ellos, vivir sin miedo y sobreponerse a la adversidad.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.