EXCITEBIKE 64

El Excitebike original apareció en el año 1.984 para NES como una obra perfecta de simplicidad deliciosamente pixelada.

Su primera continuación, lanzada dieciséis años más tarde, no se parece prácticamente en nada, excepto en que ambos títulos representan una dedicación absoluta al entretenimiento en sus áreas respectivas.

La precisión geométrica del original, vista desde la actualidad, es un signo más claro de genialidad que las turbias y amarronadas pantallas de su sucesor, que deben más a las limitaciones técnicas de la consola que a los diversos entornos de los circuitos.

Pero cuando tomas el control y empiezas a jugar, Excitebike 64 muestra todo su virtuosismo gracias a un modelo de manejo que mezcla cuidadosamente la impresión de realismo con la hiperrealidad de una conducción exagerada.

La clave de su brillantez radica en el perfecto equilibrio entre los efectos del terreno en pleno manejo de la moto, y el efecto del peso del piloto cuando la moto vuela entre derrapes y aceleraciones hacia la victoria en cualquiera de la veintena de circuitos de tierra disponibles.

Aunque, por supuesto, la cosa no acaba ahí.

El juego viene con un editor de circuitos que añade a la acción una variedad casi infinita.

Puedes guardar tus mejores tiempos como “fantasmas” contra los que competir en el futuro, y desbloquear bonus especiales, incluido un nivel desértico generado aleatoriamente.

Y también hay un completo sistema de acción que capitaliza un manejo aéreo perfectamente equilibrado.

Pero lo que más destaca en Excitebike 64, al igual que en su predecesor, es el esmero con sus clientes, típico de Nintendo.

Quizá por ello que sigue siendo el mascarón de proa de su desarrollador, Left Fields Productions.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.