F-ZERO X

En una primera toma de contacto el juego de Nintendo 64 no resulta tan sorprendente como lo fue aquel mítico F-Zero, que tantas alegrías les brindó a los usuarios de Super Nintendo gracias al uso ejemplar del Modo 7, y permitía mostrar en pantalla un acabado gráfico dificilmente visto en Mega Drive.

Para su continuación en cambio no se puso el mismo énfasis en el diseño de los circuitos, que apenas usaban texturas, y si bien el nivel de detalle de las naves era correcto, no conseguían destacar debido a su reducido tamaño.

Y es que gráficamente el título era claramente inferior a otros programas de la época, allá por el año 1.998.

¿Quiere esto decir que se trata de un mal juego?
Nada más lejos de la realidad, pues en el resto de apartados, que le brindan un carácter inconfundible e irrepetible al título de carreras, es donde el juego de Nintendo brilla con luz propia.

LA VELOCIDAD ES LA PROTAGONISTA INCONFUNDIBLE

Empezando por la velocidad, que es la filosofía de la que beben todos y cada uno de los juegos de carreras, y terminando por el exquisito control.
Mezclando ambos apartados de forma soberbia se obtiene un título altamente jugable y atractivo.

El programa en si mismo es veloz como pocos, y en ningún momento baja de los 60 frames por segundo, bajo ninguna circunstancia.

Además, da la impresión de que el jugador controla en todo momento la situación, pese a los golpes o a las caídas sufridas, pues el control empleado ha resultado ser todo un acierto.
El manejo de las naves de hecho no podía ser más simple; con apenas un par de botones y alguna ligera combinación será posible desempeñar con soltura el total de acciones disponibles a lo largo del juego.

Otro de los factores clave que explican el buen acabado final del título es la sensación de una competición continua y ardua.
Y es que el plantel de naves disponible para cada una de las carreras ronda la treintena en todo momento, algo pocas veces visto en los juegos de esta temática.
Esto se traduce en que, independientemente de la posición conseguida durante el desarrollo de las partida, siempre habrán varios competidores cercanos al jugador, esperando servirse a su favor de los errores cometidos y los reveses sufridos por otros contrincantes.

Como os decía, pocos juegos podréis recordar que hayan conseguido meter en una misma competición un número tan elevado de naves, y con semejante inteligencia artificial por añadidura.
Para orientarse entre tanto participante en ocasiones podréis ver algunos carteles adjuntos a vuestros competidores que os indican el número que ocupan durante la carrera en cuestión o bien cuales son las primeras naves posicionadas durante el transcurso de la misma.

La duración del juego está garantizada por un total de tres copas, cada una de ellas dividida en seis circuitos, a las que hay que añadirle otras dos copas ocultas que requerirán de muchas horas de práctica para poder afrontarlas con ciertas garantías de éxito.

De este modo, nos enfrentamos a la Jack Cup, que resulta ser la más asequible de todas, y el nivel sube de forma progresiva en las restantes Queen y King Cup.

Será preciso ir ganando las diversas copas en diferentes niveles de dificultad si queremos añadir al repertorio las otras dos, además de incluir en la plantilla un número enfermizo de naves respecto a las seis máquinas iniciales.

El apartado más flojo del conjunto, junto a los gráficos, se encuentra en los modos de juego, que aunque resueltos de forma notable resultan un tanto escasos a todas luces.

El título dispone de Versus, que permite interesantes carreras a cuatro jugadores; pues recordemos que la consola de Nintendo 64 y en menor medida Dreamcast han sido las que mejor partido le han sabido sacar a esta divertidísima opción, pues en la actualidad, si bien otras plataformas disponen de esa alternativa, lo cierto es que se le brinda prioridad al juego online y no se ha potenciado esta modalidad en absoluto.

Volviendo al juego en sí, solo este hecho ya supone un buen argumento para adquirirlo, aunque por alguna razón incomprensible no se ha incluido una alternativa que permita un campeonato para cuatro naves simultáneas.

Aunque por contra se introdujo una divertida modalidad para los jugadores caídos y eliminados durante la carrera.
La otra alternativa se conoce con el nombre de Death Race, y no consiste en otra cosa que una carrera de supervivencia donde los participantes son eliminados de forma progresiva.

En cualquier caso, el cartucho atesora muchísimas cosas buenas y muy divertidas que harán que no echéis en falta ni polígonos, ni textura alguna, pues en este juego los amantes de la velocidad encontrarán diversión garantizada durante meses.

RESUMIENDO

La mejor parte del acabado gráfico hay que buscarla en el diseño imaginativo y enrevesado de los circuitos, pues el resto es bastante simple, aunque no por ello menos efectivo.
Desde luego no es el apartado al que haya que prestarle mayor atención en esta ocasión.

El control de las naves es sencillo e intuitivo como pocos, al que sólo le ha faltado vencer a la inercia.
Además es uno de los juegos más rápidos que se han creado hasta la fecha, más aún si tenemos en cuenta que treinta naves compiten de forma simultánea, y sorprende con todo tipo de detalles y golpes de efecto.

La dificultad por su parte es progresiva y resulta desafiante, lo que incita a continuar jugando para conseguir el resto de circuitos ocultos y la gran cantidad de naves disponibles.

En cuanto al apartado sonoro que conforma el título, carece del bramido típico de los motores, aunque no es un hecho decisivo pues se desmarca con diversos punteos de guitarra y ritmos cañeros que harán las delicias entre los jugadores.

En conclusión, podéis esperar de este F-Zero X un juego directo y endiablado, que puede llegar a crear vértigo y emoción a raudales.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.