FAIRLIGHT

Cuando en 1.984 el estudio británico Ultimate Play the Game lanzó al mercado Knight Lore, puso el listón tan alto que de forma inmediata el resto de juegos de ordenador parecieron anticuados.

¿Cómo era posible que un hardware como el ZX Spectrum de Sinclair pudiera proyectar un mundo imaginario, mágico y tridimensional en pantalla?.

Probablemente, aquella fuera la cumbre de lo que se podía conseguir con el software de los sistemas de 8 bits…

Por supuesto, no lo fue, aunque Fairlight tardó un año en aparecer para mostrar a los programadores de Ultimate un par de cosas sobre la calidad gráfica y la complejidad del juego en equipo.

El programador sueco Bo Jangeborg se había ganado a pulso la reputación de pionero en el reino de los gráficos para ordenadores domésticos al crear la potente herramienta The Artist, y su atención por la perfección gráfica – junto con los esfuerzos de su colaborador Jack Wilkes – llenaron a Fairlight de detalles extraordinarios.

El título, una aventura vista desde una perspectiva isométrica, te permite explorar un extenso castillo para intentar recuperar el Libro de la Luz.

Dicho lo cual, algo clave en Fairlight es el tratamiento de los objetos: existe una gran variedad de ellos y se pueden utilizar con relativa libertad en el entorno del juego.

Tanto exceso, claro está, tiene un precio.

Al juego le cuesta cargar las estancias mientras te mueves entre ellas, por ejemplo, y la acción se ralentiza mucho cuando todo está en funcionamiento.

Por otro lado, el combate, en el que se ven envueltos varios tipos de adversarios, es demasiado básico.

Pero todos estos inconvenientes no deberían hacer sombra a los muchos logros de Fairlight, y la prueba es que muy pocos juegos de 8 bits intentaron seguir su ambiciosa estela.

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Xtremeretro

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