FINAL FANTASY IX

Caballeros, castillos, princesas y una aventura en busca del honor: Final Fantasy IX no era sino un regreso a los temas iniciales de la serie.

Tras dos títulos anteriores ambientados en mundos de fantasía steampunk, y otro más, en los avatares de un instituto, Hironobu Sakaguchi hizo del noveno juego de esta saga una celebración de sus primeros tiempos.

Para los fans que crecieron con los juegos de NES originales, el gesto fue apreciado, con sus alegres y despreocupados diálogos y su luminoso esquema de color.

Parecía un cuento de fantasía que modernizaba la clásica fórmula sin renunciar a su encanto.

Sin embargo, para aquellos jugadores que llegaron a Final Fantasy tras la popularidad planetaria del séptimo capítulo de la franquicia, la respuesta fue fría.

Sus afectados diseños y sus personajes super deformed estaban muy lejos de los aprensivos dramas adolescentes de aquellos títulos más recientes.

El juego pudo suponer un triunfo de los gráficos, que habían sido concebidos hacia el final de la era PlayStation, pero su caprichoso estilo visual no pudo cautivar a las audiencias aún impresionadas por el áspero realismo de Final Fantasy VII.

Y sus ventas fueron inferiores a las de cualquier entrega anterior.

Final Fantasy IX volvió a un estricto sistema de roles, definiendo a los personajes sin margen de desviación.

Lo estilizado de su enfoque significó, irónicamente, que el juego había envejecido mejor que sus populares predecesores, reteniendo gran parte de su encanto y atractivo, pero perdiendo realismo.

Con un elenco sólido y creíble, un guión caprichoso y un rico y vibrante mundo de exploración, Final Fantasy IX sigue siendo una proposición atractiva para los jugadores actuales.

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