G POLICE

Psygnosis fue, con toda seguridad, una de las tres compañías – junto con SCE y Namco – que más ayudó el inconmensurable éxito de PlayStation obtenido a nivel mundial.
Obras del calibre de Adidas Power Soccer, Destruction Derby, Discworld, F-1 o Wipeout conquistaron tanto prestigio como cabía esperar, hasta llegar a convertirse en un referente de sus respectivos géneros.
Tras lanzar las correspondientes continuaciones de aquellos títulos, la empresa desarrolladora apostó por una nueva etapa creativa en la que quiso asumir nuevos retos.
Precisamente en este glorioso periodo se sitúa G Police, que llegó a convertirse por méritos propios en uno de los pilares fundamentales de dicha tendencia.
Aquellos que desconozcan el juego, han de saber que G Police es a grandes rasgos un shoot’em-up salpicado de ciertos tintes de estrategia.
Precisamente esta agradecida combinación de géneros se evidencia como una mera excusa para mostrar en pantalla el nuevo derroche imaginativo de la afamada compañía.
Sumidos en un apasionante mundo futurista con no pocas referencias al emblemático film de Blade Runner, aunque dotado de una ambientación más barroca si cabe, los usuarios podrán deleitarse con un espectáculo gráfico digno de los mejores programas de PlayStation.
Continuos juegos de luces y sombras en unos escenarios bañados en la oscuridad más absoluta, no exentos de ciertos destellos esperanzadores, se funden con la nave protagonista – una suerte de helicóptero carente de hélices, para más señas -, donde la fluidez de los entornos en 3D es notable; una sensación que se ve ensalzada por las múltiples perspectivas disponibles.
Y es que este programa resulta un verdadero deleite a nivel visual, en especial si nos referimos a sus elaboradas intros, tan de moda en la consagrada etapa de los 32 bits.
Por descontado, los pasajes de esta lúgubre ciudad constituyen en si mismos un intrincado laberinto donde sobresalen cuantiosos rascacielos, entre los que el crimen organizado campa a su antojo e intentará restarle protagonismo al atareado cuerpo de policía con todos los medios a su alcance.
La misión del usuario por tanto consistirá en auxiliar al resto de efectivos terrestres, ya sea facilitándoles su tortuoso avance o bien disipando a los numerosos maleantes que surcan los cielos con perversos fines.
De modo que a lo largo de 35 extensas fases, repartidas a su vez entre cinco partes bien diferenciadas, se le brinda a los aficionados la posibilidad de participar en centenares de arriesgadas misiones.
Tal como dicta la lógica, la dificultad es exponencial, aunque en G Police este apartado ha merecido un trato significativo, pues mientras algunas tareas exigen eliminar a un numero creciente de enemigos, otras en cambio limitan en extremo el tiempo disponible para llegar hasta un objetivo concreto.
Sin embargo, no es menos cierto que todo ello contribuye a generar esa sana adicción, posible en parte gracias a su acción continuada, las intensas persecuciones entre edificios, el refinado armamento de corte futurista y la extraordinaria variedad reinante entre los objetivos a cumplir.
En definitiva, la creación de Wheel Haus no resulta un juego excesivamente original en cuanto a su desarrollo se refiere, pero si consigue una presentación y puesta en escena cuanto menos loable.
Pero es justo reconocer que, pese a sus incontables virtudes, no es oro todo lo que reluce, pues algunos escasos defectos también se hacen notar, como es el caso del molesto horizonte – basta con decir que los escenarios se recrean relativamente cerca, hasta el punto de que incluso en las consabidas opciones gráficas se ofrece la posibilidad de cambiar algunos parámetros que afectan al horizonte, los frames y un largo etcétera -.
Otros defectos de menor importancia residen en la sombra del helicóptero, cuya movilidad queda en entredicho – y que fue realizada nada menos que por el prestigioso Carlos Ulloa, antiguo presentador del memorable Game 40 -, y un control ciertamente complejo, acentuado por el uso del mando analógico.
Pese a estas carencias, queda claro que G Police tiene ese encanto del que sólo escasos títulos pueden presumir, consiguiendo mantener al jugador pegado al mando durante largo tiempo.
DOS CD’S POR EL PRECIO DE UNO
Debido a la gran cantidad de intros de las que hace gala el programa, Psygnosis se vio forzada a dividir el juego en dos intensas partes, una por cada CD-Rom.
LOS ESCLARECEDORES NIVELES DE ENTRENAMIENTO
Con motivo del complejo control empleado, el equipo encargado de su desarrollo puso a entera disposición del usuario sendos niveles de entrenamiento, que cumplen la función de un tutorial a todas luces.
LAS MISIONES
La tarea del jugador no se limita a destruir objetivos bien diferenciados, sino que además deberá escoltar conboys, patrullar en busca de peligrosos delincuentes, descubrir fatales cargas de contrabando y, ya puestos, salvar al mundo de las perversas bandas del crimen organizado.

EN COMPLETO ESPAÑOL

Psygnosis tuvo la delicadeza de traducir los textos y doblar las voces a nuestro idioma patrio, una costumbre que por aquel entonces ya comenzaba a difundirse entre las diversas compañías.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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