GAME BOY CAMERA

Quería aprovechar la ocasión para hacerme eco de uno de los proyectos más originales que tuvo Nintendo en los albores del año 1.998, nada menos que lanzar una cámara para su difunta portátil Game Boy.

Una idea, a priori, bastante ocurrente, y cuya genialidad no se puede llegar a comprender en su plenitud hasta que se tiene entre las manos.

Y es que la calidad de las instantáneas supera con creces lo que cabría esperar de una pantalla monocroma de cuatro escasos tonos de color.

Basta con ojear las distintas ilustraciones que acompañan este artículo para darse cuenta de lo que Game Boy Camera es capaz.

Por descontado, una de sus mayores bazas es que incluye multitud de efectos que se pueden aplicar a la hora de captar una imagen, tales como captura por cuadrantes, espejo, ampliación, y un largo etcétera.

Como cabía esperar, el laborioso proceso de post-producción permite retocar las fotografías con todo lujo de detalles que resaltarán, si lo consideráis oportuno, los rasgos característicos de vuestros mejores amigos, o enemigos si la situación así lo requiere.

Siguiendo con sus bondades, también resulta posible montar algunas secuencias de escasos frames, e incluso diseñar una simpática animación que posteriormente podréis incluir en uno de los cuatro juegos incorporados en el cartucho.

Huelga decir que es factible almacenar hasta treinta fotos, y antaño cabía la posibilidad de imprimir los trabajos resultantes con la correspondiente impresora térmica, que se vendía por separado.

Como es lógico, este curioso periférico permitía imprimir, sobre un papel adhesivo especial, un total de 1.000 fotografías.

Por último, el precio de dichas máquinas rondaba las 9.000 pesetas de la época, unos 54 euros al uso.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.