GAUNTLET

El celebre programador Ed Logg, máximo responsable de algunas obras del calibre de Asteroids o Centipide, fue también el artífice del consagrado Gauntlet, el gran logro de Atari durante el año 1.985.

Como muchos aficionados al género sabrán, uno de los grandes aciertos de este programa reside en su fantástica – literalmente – ambientación, siendo también uno de los primeros arcades que se adentraron en el sinuoso universo de la espada y brujería.

No en vano, su comercialización no resultó en absoluto fruto del azar, pues por aquel entonces títulos como el mítico Dungeon & Dragons copaban los primeros puestos de ventas en el territorio americano, llegando incluso a contar con una prestigiosa serie de animación que fue desarrollada apenas dos años antes.

Y, como es lógico, esta fascinación que reinaba en el ambiente repercutió muy favorablemente sobre la consolidación de Gauntlet como uno de los programas más representativos del momento.

En cualquier caso, los valores que atesora esta sensacional aventura no quedan limitados a su loable puesta en escena, pues permitía además la opción de escoger hasta cuatro guerreros bien diferenciados entre sí, ya sean un elfo, un mago, un fornido combatiente y una hermosa valquiria, que responden a los nombres de Questor, Merlín, Thor y Thyra, respectivamente.

Huelga decir que cada uno de ellos hace gala de una serie de atributos independientes al resto de personajes, pudiendo ser potenciados mediante la obtención de mágicos brebajes dispersos a través del largo recorrido.

Pero independientemente del luchador seleccionado, el objetivo del usuario consistirá en localizar la ruta de escape que le permita acceder a la siguiente mazmorra, enfrentándose por el camino a la peor fauna imaginable.

Por fortuna, el arduo periplo del jugador quedará suavizado gracias a la obtención de diversos items, que a grandes rasgos se dividen en cuatro elementos: utilísimas llaves que otorgan el acceso a nuevas áreas aún por explorar, alimentos que proporcionan energía extra, pócimas secretas que contribuyen a engrosar el nivel de magia y finalmente tesoros, cuyo único cometido es incrementar la puntuación obtenida.

Gráficamente el juego cumple su cometido con holgura, aunque sin grandes alardes, como es lógico tratándose de un título perteneciente a la década de los ochenta.

Cabe destacar en este apartado el gran numero de elementos que componen cada una de las fases, que se evidencia como el mayor valor de su diseño.

No obstante, si bueno era el acabado visual, mejor resuelto estaba el apartado sonoro, que llegó a contar incluso con la voz digitalizada de un carismático narrador en el caso de las versiones domésticas, capaz de ensalzar o bien criticar abiertamente la actuación del usuario durante su progreso.

Sea como fuere, el mayor encanto del programa es preciso buscarlo en su adictiva jugabilidad, pues brindaba la posibilidad de que un total de cuatro jugadores unieran sus fuerzas en una misma partida, toda una hazaña que sorprendió a propios y extraños, y por supuesto causó furor entre los aficionados.

Fue tal el éxito alcanzado que no tardaron en aparecer diversas adaptaciones del arcade, que llegaron a distribuirse en algunas de las máquinas más prestigiosas de su tiempo, tales como NES e incluso Mega Drive, para las que a diferencia de la coinop el numero de fases estaba limitado y quedaba marcado el objetivo a realizar.

Para concluir con este breve reportaje, os dejo un enlace desde el que será posible disfrutar de las virtudes que atesora este sensacional juego, representante indiscutible de toda una época.

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