GOD HAND

La obra póstuma de Clover Studio es mucho más que un delirante beat’em up; es una acertada farándula donde el humor más exagerado y una violencia sin complejos van cogidos de la mano.

Huelga decir que, pese a la efímera trayectoria del consagrado equipo desarrollador, su estela se mantiene viva en el firmamento, pues nos ha dejado para la posterioridad algunas obras del calibre de Viewtiful Joe, cuyo desarrollo resulta cuanto menos gratificante, y una exquisitez visual de tonos pastel que responde al nombre de Okami.

El tercer título en discordia no es otro que el portentoso God Hand.

Un programa que, dicho sea de paso, difícilmente se incluirá entre ese selecto grupo al que tan sólo los más distinguidos juegos de PlayStation 2 tienen acceso pero, siendo franco, de todos los que he citado anteriormente, esta es la aventura de la que más gratos recuerdos conservo.

Quizá porque llevo largos años jugando con los títulos a los que tan magistralmente parodia, basados a su vez en el homónimo manga de Hokuto No Ken – léase El Puño de la Estrella del Norte -.

Puede que incluso debido a su inusitada ambientación, que se distancia significativamente de los rocambolescos escenarios tan habituales en el género, y prescinde de las concurridas damiselas en apuros.

Y probablemente también porque se mofa incluso de sí mismo.

Pero cualquiera que sea el motivo, lo cierto es que God Hand nunca ha pretendido reivindicar su existencia como una obra maestra, y precisamente por ello se vislumbra parte de su arrolladora grandeza.

De modo que el equipo liderado por Shinji Mikami tan sólo pretendía rendirle un merecido homenaje a los beat’em ups de antaño y, de paso, reavivar la excesiva violencia que puebla el universo de Hokuto No Ken, situando al valeroso protagonista en una tierra decadente y desolada, tal como ya sucedía en el aclamado manga.

Y así, armado con el todopoderoso brazo de Dios – ahí es nada -, el bueno de Jean reparte justicia y hostias a raudales entre un mal llamado ejercito de frikis y matones de poca monta, que despiertan más simpatía en el jugador que otra cosa.

¿Cómo tomarse en serio a un beat’em up que permite apostar dinero en carreras de chihuahuas – ríete tú de las veloces competiciones protagonizadas por los risueños Chocobos -, está engalanado con ciertos elementos eróticos, y a su vez te enfrenta contra fornidos coristas masculinos disfrazados de vedettes, o incluso contra descomunales gorilas en calzoncillos?.

Y esta misma sensación se ve magistralmente ensalzada por las propias risas enlatadas y aplausos de un público invisible, muy en la línea de ciertas series de humor, sajonas en su mayoría.

Basta con decir que algunos de sus ataques más perjudiciales consisten en patearle los huevos hasta la saciedad a los desdichados enemigos, o azotarle el culete a las sufridas luchadoras que se pasean alegremente por el escenario.

Pero tened presente, eso si, que God Hand es muchísimo más que una mera bufonada constante, pues estamos hablando de uno de los mejores beat’em ups que han visto la luz en PlayStation 2 durante los últimos años de su existencia, permitiendo configurar el amplio repertorio de ataques entre más de un centenar de movimientos bien diferenciados entre sí, y con una simplicidad digna de toda loa y alabanza, muy en la línea de los añorados Double Dragon.

Para que me entendáis, este título equivaldría a la democratización del concurrido género para todos aquellos usuarios que experimentan ciertas dificultades – por mínimas que sean – a la hora de ejecutar demoledores combos con algunos de sus representantes más complejos.

Respecto al apartado técnico, nos encontramos con no pocas virtudes y escasos defectos que empañan el resultado final.

De entrada llama poderosamente la atención el magnífico aspecto que lucen los distintos personajes en pantalla, todos ellos de un tamaño envidiable por añadidura.

Por contra, la precariedad con que se han construido los diferentes escenarios no deja lugar a dudas sobre la evidente dejadez de Clover Studio, una gloriosa compañía capaz de plasmar los universos más bellos en PlayStation 2 – tal como se puede apreciar en las hermosas acuarelas de Okami -, pero que aquí se ha permitido el lujo de crear unos niveles endebles, que dan lugar a paredes que parpadean o incluso desaparecen llegado el caso.

Sin embargo, no es menos cierto que, tras jugar una breve partida, todos esos defectos pasan a un segundo plano, pudiendo obviarlos fácilmente durante el transcurso de la aventura, gracias a la sana diversión que emana de este soberbio compacto en forma de beat’em up.

Lo reconozco, soy un jugador de la vieja escuela.

Me atraen los planteamientos simples y las mecánicas manidas.

En ese sentido, soy un fósil.

Pero el caso es que, incluso después de tantos años, disfruto pateándole el trasero a un imponente enemigo con tan sólo pulsar repetidas veces el mismo botón.

¿Qué le voy a hacer?.

Y por eso me fascina God Hand, porque me ha brindado todas esas incontables alegrías, y muchísimas más.

También soy consciente de que, con el paso de los años, seguiré volviendo a enfrentarme con el, con esa absorvente sencillez de la que hace gala y su fastuoso clasicismo.

Tanto es así que bien podría considerarse como un juego de otra época, que vio la luz en un mercado consumado por interminables secuéncias CGI y manuales imposibles con más páginas que “el libro gordo de Pedrete“.

Afortunadamente, God Hand me devuelve a la simplicidad de antaño y a la siempre bien recibida diversión que emana de la serie Double Dragon y similares.

No faltarán detractores que enfaticen algunos de sus lunares, como un desarrollo repetitivo o ciertos defectos gráficos dolorosamente evidentes.

Y probablemente no les falte razón.

Pero el caso es que incluso los zoquetes como el arriba firmante tenemos derecho a divertirnos.

Por último, no podía darle punto y final a este análisis tan personal sin antes destacar un detalle que incentivó mi cruriosidad y le brindó alas a mi fantasía, al descubrir que uno de los diminutos perros ha sido bautizado con el sonoro nombre de Mikami’s Head.

Tras mucho indagar supe que esto se debe a un desafortunado comentario que realizó el mismísimo Shinji Mikami, cuando afirmó que preferiría perder su cabeza antes de ver al notable Resident Evil 4 corriendo por los circuitos de PlayStation 2, como efectivamente sucedió tras el lanzamiento del juego para GameCube.

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