GOLDEN AXE: THE DUEL

La popularidad del mítico Street Fighter II se hizo notar, y con el paso de los años el género de la lucha terminó por desbancar a los otrora incombustibles beatem up, donde algunas de sus series más emblemáticas, tales como Streets of Rage, Final Fight y similares, ya habían mostrado claros síntomas de agotamiento durante las últimas entregas disponibles.

Tratando de contentar a sus seguidores, SEGA decidió darle una vuelta de tuerca a una de sus franquicias más queridas, Golden Axe, para desarrollar un nuevo título de lucha que vería la luz en los salones recreativos en el 1.994, y apenas un año después en la maltrecha Saturn.

Tristemente el tiempo ha terminado por darles la razón a todos aquellos detractores que vieron en esta propuesta una decisión arriesgada a la par de poco afortunada, pues Golden Axe: The Duel fue incapaz de repetir el éxito que había caracterizado a las anteriores entregas; pero esto no debe inducir a error, pues dista mucho de ser un mal juego, como algunas publicaciones se han empeñado en hacernos creer.

No en vano el apartado gráfico es realmente vistoso, con una representación magnífica para los distintos personajes – que cuentan con unas animaciones soberbias por ende -, y unos bellos escenarios plagados de elementos móviles, rebosantes de colorido y ricos en detalles, entre los que destacan los efectivos zooms, que contribuyen a dotar de una mayor espectacularidad a los enfrentamientos.

Asimismo, cada luchador dispone de un repertorio de golpes digno de mención, para el que se han servido de la misma ejecución que tan buenos resultados le había dado al galardonado título de Capcom.

Esto se traduce en tres botones para el puñetazo -teniendo presente que aquí los contrincantes empuñan toda suerte de armas blancas- , y otros tantos para las patadas, de fuerza creciente.

Sin embargo, como decíamos al principio, el cambio de género no favoreció en absoluto a esta nueva entrega, pese a las virtudes que atesora el programa.

La principal razón hay que buscarla en el sistema de juego, que repercute de forma directa sobre el desarrollo de los combates, y que a diferencia de muchos de sus competidores no se basa en el uso abusivo del combo de forma reiterada, tan de moda a mediados de los noventa entre los aficionados.

El de la competencia es otro factor clave que sirve para explicar el relativo fracaso del título, pues mientras que en el terreno de los beatem up la franquicia de SEGA practicamente no conocía rival, siendo una de las más prestigiosas de la época, el género de la lucha ya estaba muy concurrido por aquel entonces – se podría decir que incluso saturado -, con numerosos exponentes del calibre de Street Fighter, King of Fighters, o Mortal Kombat, por citar tan solo algunas de las sagas más representativas.

Huelga decir que con una competencia tan encarnizada resultaba muy difícil lograr una posición favorable, más aún si se tiene presente que en su gran mayoría todas estas sagas ya habían logrado fidelizar a muchos de sus usuarios, que con frecuéncia se decantaban por determinados títulos en detrimento del resto.

Tampoco ayudó el escaso plantel de personajes disponibles, de apenas una decena, en el que muchas de las nuevas incorporaciones carecen del carisma necesario para hacerse un hueco dentro del sector.

La trama que sirve para justificar las confrontaciones entre los distintos luchadores se sitúa casi un siglo después de los hechos acontecidos en el sobresaliente Golden Axe II: the Revenge of Death Adder, donde el enano Gilius Thunderhead finalmente consigue empuñar la emblemática Golden Axe para erradicar la amenaza del pérfido Death Adder, aunque lo hace a expensas de su vida.

Desde entonces la épica batalla terminó por convertirse en una leyenda, que con el paso del tiempo fue olvidada.

En ese relato se contaba cómo la enigmática hacha albergaba en su interior la energía de los dioses, que podrían reclamar aquellos que la tuvieran en posesión, independientemente de los fines para los que buscasen tan inconmensurable poder.

La aparición de la Golden Axe ochenta años después bastó para reavivar el mito y despertar la codicia o bien el interés de singulares guerreros, entre los que es preciso destacar a Kain Blade – un joven huérfano -, Milan Flare y Gillius Rockhead, descendientes directos de los primeros héroes de la franquicia, así como el temible Death Adder, que después de haber caído en combate vuelve a aparecer en escena al tiempo que se da a conocer la existencia del arma sagrada.

De modo que cada contrincante hará valer su fuerza y arriesgará la vida por sus propios ideales, siendo algunos de ellos más nobles que otros.

Cuando SEGA decidió adaptar este notable título a su consola de 32 bits la decepción entre los usuarios se acrecentó, pues esperaban desde hacía largo tiempo una conversión directa de la segunda entrega que había quedado reservada para los salones recreativos, conocedores como eran de las capacidades de Saturn para gestionar juegos bidimensionales, muy superiores al resto de plataformas disponibles.

Y aquí nuevamente la competencia volvió a cebarse con el compacto, dado que los programas de lucha en 2D ya abundaban en el extenso catálogo de la máquina.

Con estas premisas era de esperar que el título no llegara a despuntar, pese a la incuestionable calidad técnica que lo caracteriza.

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