GRANDIA II

Para alguien que ha crecido en las frecuentes disyuntivas éticas, búsquedas, diseños de partida y texturas marrones típicas de los RPGs occidentales, Grandia II podría parecer un juego proveniente de otro planeta.

El vibrante estilo dibujístico de sus personajes, que se perfilan sobre cielos azules como alienígenas luminiscentes, y sus prolongadas y moralizantes escenas cinemáticas, podrían resultar incomprensibles para alguien acostumbrado a los cuadros de diálogo.

El juego personifica la filosofía de diseño de una de las dos escuelas de RPGs, la que propone una historia lineal – a menudo sobre adolescentes decididos a salvar el mundo -, y se desarrolla en imágenes cinemáticas salpicadas de periodos de exploración que sirven principalmente para albergar un sistema de batalla intrincado.

El Grandia original, para Saturn y PlayStation, resolvía uno de los rasgos más criticados del juego de rol japonés, mediante la inclusión de encuentros aleatorios y representando la presencia del enemigo antes de que este apareciera, lo cual permitía evitar la confrontación.

Por lo demás, es el típico JRPG, al igual que su sucesor, Grandia II.

El planteamiento de combate era similar, con unos movimientos limitados que permitían introducir una complejidad táctica que superaba los esquemas estáticos de los juegos de rol más tradicionales.

Respecto a la trama, narra la historia de un mercenario adolescente, Ryudo, encargado de proteger a la cantante Elena cuando esta se embarca en un peligroso viaje.

Dicho lo cual, Grandia II se ganó el más que merecido premio platino otorgado por el semanario japonés Famitsu, así como una legión de adeptos incondicionales.

Para quienes hayan crecido siguiendo la dieta de los RPGs occidentales, este es uno de los mejores ejemplos para empezar a paladear sus homólogos japoneses.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.