GYNOUG, Y LOS ENEMIGOS CON SOBREDOSIS DE VIAGRA

El extenso catálogo de Mega Drive estaba compuesto entre otros por un gran número de shooters de impecable realización técnica, en especial si nos referimos a los populares matamarcianos.

Probablemente muchos de los lectores recordarán títulos del calibre de Thunderforce, o incluso algunos como Gaiares, que pese a la calidad que atesoraba fue galardonado con críticas dispares.

Para la ocasión vamos a tratar otro de estos shooters incomprendidos, un programa que pese a su notable diseño rara vez es considerado dentro de ese selecto grupo al que pertenecen los dignos representantes de la popular consola de SEGA.

Gynoug, bautizado en el mercado americano como Wings of Wor, fue desarrollado por Masaya y distribuido por NCS Corporation.

A grandes rasgos el cometido del jugador pasaba por asumir el rol de un ángel en la eterna lucha contra las fuerzas de las tinieblas.

Si bien la trama no supuso ningún derroche de originalidad, esto no fue así con los numerosos enemigos que poblaban las distintas fases.

Para entender la complejidad que rodea a este curiosa producción es preciso situarse en el contexto histórico, allá por el año 1.991, poco antes de que saliera al mercado aquel juego gore en avaricia que respondía al nombre de SplatterHouse II, por lo que los títulos de la época aun pecaban de inocentes y coloridos, repletos de alegres personajillos y tiernas situaciones, ideales para jugar en familia.

Quizá por este motivo Gynoug cogió desprevenidos a los usuarios, que en muchos casos no estaban preparados para algunas de las escenas grotescas que caracterizaban su desarrollo.

Esto resultaba especialmente evidente en los llamativos jefes de final de nivel, unas aberraciones en toda regla, entre los que era posible encontrarse con lindezas repulsivas donde las haya, tales como un feto deforme o extraños seres formados por un amasijo de carne y metal, como era el caso de aquella locomotora con rasgos humanos, francamente desagradable.

Pero con toda certeza el personaje que ha pasado a la historia, para bien o para mal, y quizá el más repulsivo de todos, era el enemigo final a batir en la quinta fase.

El cartucho hace gala de una dificultad que roza lo enfermizo, de modo que mientras el avezado jugador trataba por todos los medios de esquivar en la medida de lo posible las interminables ráfagas de disparos, apenas llegaba a darse cuenta del descomunal pene sangrante que lo atacaba con énfasis.

Tuvieron que pasar varios años para que se descubriera al enemigo de forma fálica que atormentaba al personaje principal.

Éste finalmente se hizo público en el año 1.994, cuando una revista alemana en un reportaje centrado en el género del terror y las referencias sexuales se encargó de evidenciar lo que la inocencia y la moral habían pasado por alto durante tanto tiempo.

Y así, el nombre de Gynoug quedó estrechamente ligado a aquella lista de títulos rechazados por determinados colectivos, que siempre son los mismos para qué lo vamos a negar, que lo consideraron como un juego pervertido en toda regla.

Un grupo de juegos ciertamente interesante, al que sería conveniente dedicarle algún breve comentario en una futura ocasión.

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