HAMMERIN’ HARRY

Tras sorprender a propios y extraños con el fastuoso R-Type III – uno de los mejores exponentes del género en Super Nintendo -, el consagrado equipo de Irem volvió a la carga con otro juego memorable, rescatando para la ocasión al clásico de los recreativos Hammerin’ Harry, cuyo recuerdo también se mantiene imborrable entre los afortunados usuarios de NES.
La particularidad de este atípico personaje caracterizado por su tierna mirada y desproporcionada dimensión craneal reside en su poderoso martillo, que a su vez le sirve como arma ofensiva y defensiva contra maleantes que se cruza en el camino.
Huelga decir que el apartado técnico de esta superproducción de 8 Megas resulta, como poco, notable.
De hecho, se cuenta entre las mejores creaciones de la compañía por aquellos años; en parte debido al excepcional colorido de sus gráficos, un protagonista de tamaño considerable, exquisitas intros, sobresaliente scroll y la maravillosa jugabilidad que siempre ha acompañado a este alegre individuo.
Pese a no tratarse de una conversión directa de la legendaria coin-op, Hammerin’ Harry para el cerebro de la bestia bien puede considerarse otra maravilla gestada en el seno de Irem, equiparable a joyas del calibre de R-Type III o el mismísimo Dinosaurs.

UN HÉROE MOTORIZADO

En determinadas fases nuestro valeroso protagonista se desplazará a bordo de una robusta moto de vivos colores y escasa cilindrada; aunque, eso si, siempre acompañado de su inseparable martillo.

A imagen y semejanza de Rocky Rodent, otro clásico de Irem, el scroll parallax de estos niveles resulta impecable.

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