HARVEST MOON: FRIENDS OF MINERAL TOWN

Harvest Moon se creó para transmitir la bondad de la vida rural a los millones de japoneses que vivían enclaustrados entre hormigón, a mediados de los años noventa.

Sin embargo, esta encarnación para Game Boy Advance supone la expresión definitiva de la versión soñada, simple e interiorizada del creador, Yasuhiro Wada, sobre la vida de los granjeros.

Harvest Moon: Friends of Mineral Town está ambientado en una granja venida a menos, situada a las afueras de un bullicioso pueblo repleto de personajes adorables, y convierte la agricultura en algo social.

Acaso un suave ciclo de inversión y recompensa, que sumerge al afanado jugador en el ritmo reconfortante y regular de la siembra de los cultivos, el cuidado de los animales y la cosecha.

Al igual que sucede en la vida real, gran parte del juego se dedica a las duras tareas cotidianas, que nos resultan satisfactorias gracias a la lejana posibilidad de una ampliación de la casa, una boda o la llegada de un nuevo ternero.

Pero ese ritmo tranquilo se ve suavizado por la incertidumbre: no hay forma de saber si hoy será el día en que suceda algo emocionante de verdad, como una tormenta, la aparición de un visitante o una fiesta sorpresa en el pueblo.

Los personajes son monos, incluso enternecedores, pero nada sosos, y suponen la gran diferencia entre Friends of Mineral Town y los demás títulos de la serie.

Tienen sus respectivas vidas y personalidades, las novias potenciales tienen padres y amigos a los que hay que dorar la píldora, y sus relaciones se revelan en impredecibles escenas intermedias ocultas.

La vida agrícola puede resultar un extraño destino para el escapismo, pero Harvest Moon: Friends of Mineral Town la hace parecer muy atractiva.

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Xtremeretro

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