HOMENAJE A GAME 40 Y SU PESO EN LA MADURACIÓN DE LOS VIDEOJUEGOS

Hace poco más de un siglo apareció una nueva forma de entretenimiento que se suponía iba a redefinir las bases de lo que se entiende como ocio.

Mediante un sofisticado dispositivo electrónico era viable ver fotografías a altísimas velocidades, de modo que daba la impresión de estar admirando imágenes en movimiento.

Y así, por el módico precio de unas escasas monedas, era posible deleitarse contemplando a una sospechosa mujer barbuda o a un atrevido hombre bala.

Pese a que en sus inicios se consideró como un mero pasatiempo, poco más que un divertimento para los infantes, no tardaron en aparecer todo tipo de personalidades que pretendían servirse de este nuevo invento para narrar breves historias.

Por descontado los detractores siempre estuvieron presentes, ya fueran pintores, escritores e incluso fotógrafos – la supuesta élite de los que se creen eruditos poseedores de una verdad absoluta, tal como sucede en la actualidad – que mostraron abiertamente su menosprecio por un arte emergente que, a su juicio, carecía de valores y en el mejor de los casos podía ser tratado como un híbrido.

Nadie pensó ni por un momento que aquellas anticuadas imágenes pudieran ser consideradas como arte con el paso de los años, pues se les daba el trato de una diversión pasajera que debería olvidarse con facilidad, una nadería con la que distraer a los más pequeños y a los hombres de estrechas miras de reducido nivel cultural.

A estas alturas todos los lectores habrán llegado a la lógica conclusión de que me estoy refiriendo a la industria del cine, donde no tardaron en aparecer auténticos artistas tales como los hermanos Lumière o Charles Chaplin, entre otros muchos.

Tan fantástica fue su aportación que ensalzaron al cine a la categoría de arte, tanto que a día de hoy no cabe la posibilidad de cuestionarse su marcada influencia en el siglo pasado.

El sector de los videojuegos se encuentra en una posición paralela, pues también han padecido unos comienzos que podríamos tildar de difíciles a causa del menosprecio de los representantes culturales de nuestra sociedad, y la aprensión que suscitan entre un determinado sector de celebridades.

Con todo, evidencian exactamente la misma relación entre la creatividad artística y los avances tecnológicos.

Tanto es así que este medio hace gala de no pocos elementos en común con el cine, tantos como presentaba la fotografía con respecto a la pintura hasta que alcanzó la madurez que ostenta en nuestros días.

Cuando yo mismo en mi papel de redactor alabo o critico la creatividad de un videojuego, no estoy exento de despertar cierta desconfianza, pues están presentes todos aquellos que bien podrían opinar que un juego para niños dificilmente podría ser catalogado como algo que supere las barreras de un mero producto comercial, y luego están los que afirman que un objeto de estas características para nada podría ser clasificado como una obra de arte.

Y a santo de qué se derivan todas estas reflexiones?

Pues se deben a que tal día como ayer se emitió el postrero episodio de Game 40, un programa radiofónico mítico donde los haya que con el esfuerzo de sus colaboradores – Guillém Caballé, Manuel Martín Vivaldi y Carlos Ulloa – facilitó que los videojuegos se hayan convertido en un elemento más común en nuestra vida cotidiana si cabe, pues por desgracia tuvieron que lidiar con el menosprecio del que son objeto cuantiosos títulos por parte de distintos medios sensacionalistas, aunque de todos es sabido que nunca les faltó el apoyo incondicional de incontables seguidores, entre los que me incluyo, dicho sea de paso.

Ellos bien podrían ser considerados como creadores de un estilo y una personalidad bien definida, tal como antaño hicieron los aclamados Hitchcock o Kubrick, en un tiempo más cercano al nuestro.

Los videojuegos nunca sustituirán al cine, que a su vez tampoco erradicó al teatro o la fotografía, pero resulta evidente que se han ganado el favor de un gran público debido a una palabra clave, interactividad, que facilita sumergirse con mayor facilidad en el programa en cuestión.

No en vano, igual que sucede con la industria del cine, pueden presumir de una gran cantidad de géneros (acción, terror, espionaje, …) o temáticas (plataformas, simulación, shooters, …), que hacen posible experimentar un sinfín de emociones que gozan de un gran atractivo.

Y aquí el trabajo que desempeñó el laureado equipo de Game 40 se antoja de vital importancia, pues no se limitaron a centrarse en el sector adolescente, apostando también por el de la población adulta y madura, inculcando ese ferviente deseo de cosechar nuevas cotas de calidad y creatividad con las que afianzar el desarrollo del sector.

Ellos nos enseñaron que el mundo de los videojuegos, e incluso el de la interactividad si se me permite la expresión, forman parte de un terreno aún virgen donde casi todo está por inventar, pese a que los más veteranos pueda parecernos todo lo contrario.

Pues junto a ellos aprendimos que un videojuego debe ser ante todo divertido, sensible, creativo e inteligente si pretende considerarse como un referente de nuestra cultura y sociedad.

Unos atributos que también pueden emplearse para definirlos a ellos.

Y es que, aún después de doce años, siguen siendo los mejores, y su labor habla por si misma.

Poco más puedo decir al respecto.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.