HOMENAJE AL EXCELENTÍSIMO ALEX MONTOYA, ALIAS DARTHKAFKA

Permitidme comenzar esta entrada recordando a un viejo amor.
Pocos sabrán a quién me refiero, pero a estas alturas de los tiempos, tanto da.
El caso es que reencontrarme con ella fue como disfrutar del primer sorbo de la copa del néctar de la vida, servida por sus dulces manos.
Aquel periodo que pasamos juntos bien podría considerarse como la línea que separa la duda desorientadora del espíritu y entristecedora del corazón, de la certidumbre que anega la alegría intrínseca a la ternura que todos nosotros albergamos en nuestro interior.
Fue, con toda probabilidad, el inicio de un nuevo cántico, y el primer acto en el drama del olvido.
El vínculo de unión entre lo extraño del pasado y lo brillante y prometedor del futuro.

Volviendo la vista atrás, recuerdo claramente como su voz resonaba en mis oídos como un murmullo que proclamaba rey al amor, trono al corazón, y corona a la fidelidad; como el delicado roce de los sutiles dedos de la brisa sobre los labios de una rosa, susurrando un prolongado suspiro de alivio y una dulce quejumbre a la vez.

Aquellos días fueron, en síntesis, el iniciar de esa vibración mágica que transporta a los amantes del mundo de los pesos y las medidas, al de los sueños y las revelaciones.
Y es que, de la misma forma que la primera mirada fue como una semilla que mi particular diosa lanzó en el campo del corazón, aquel primer beso que me dio fue la primera flor que brotó en la rama del árbol de mi propia vida.
Pero ahora que no está, la angustia del olvido parece, en verdad, menos amarga que la vida sin ella.
Se enmudecieron los días y calláronse cuando se apagó su voz.
En la actualidad sólo permanece el eco que devuelve a mi memoria sus palabras, pero no su voz.
El motivo de esta introducción tan larga es porque hoy, martes y 13 del año 2.012, se apaga otra voz muy querida para este humilde redactor.
Me estoy refiriendo, como muchos ya habrán adivinado, al simpar Alex Montoya, excelentísimo autor de temática retro.
Y es que haciendo buen uso de sus recomendaciones estábamos mejor armados para enfrentarnos a este peculiar mundillo que tantas pasiones suscita.
Porque no podríamos haber deseado un mejor guía que sus extensos análisis, ni brazo más potente que sus advertencias.
Porque sus razones eran un ministro prudente, un leal conductor y un sabio consejero pues, insisto, nos guiaba de la mano del discernimiento que brindan incontables años de experiencia, y no del impulso que caracteriza a todo jugador.

No hay que olvidar que incluso los redactores más preparados, pero carentes de dicha experiencia, son como los soldados que se enfrentan a la guerra sin armas.

Su ira pronto envenena el hontanar puro de su comunidad, y se convierten en granos del áloe en medio de una vasija de agua clara y cristalina.
Experiencia y conocimiento son como cuerpo y alma.
Sin el cuerpo, el alma no es más que un recipiente vacío, y sin el alma, el cuerpo no es más que un edificio carente de sentimiento.
En definitiva, la experiencia sin conocimiento es como la tierra sin labrar, como un campo yermo, o como el cuerpo humano sin aliento.
Pero con el bueno de Alex hemos conocido nuestra verdadera experiencia, que nos permite enfrentarnos a retos aún mayores.
Él nos ha brindado sus extensos conocimientos para que la luz ilumine nuestras flaquezas y fortalezas por igual, para examinar cada juego con nuestra propia conciencia, y ponernos en guardia contra los peligros de los prejuicios que caracterizan a esta industria.
Y todo ello sin pretender lucirse en momento alguno.

Dicho esto, quería recalcar que la suya es una triste pérdida, pero para las generaciones venideras nos ha dejado una gran cantidad de artículos de los que es posible aprender infinidad de anécdotas, a los que tenéis acceso desde el siguiente ENLACE.
Tan sólo me resta desearte toda la fortuna mundana para tus proyectos venideros, y confiar que en el futuro retomes tu actividad y vuelvas a nosotros. 

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.