IKARI WARRIORS

Podría decirse que Rambo II: Acorralado, el éxito taquillero de Sylvester Stallone, formó parte del proceso de curación de las heridas de Estados Unidos por la debacle de Vietnam: la fornida estrella de acción, con el pecho descubierto y un pañuelo anudado en su cabeza, se abría paso por el Sudeste Asiático con una metralleta para rescatar a los prisioneros de guerra olvidados.

Ikari Warriors copia abiertamente los personajes e incluso la apariencia de Rambo.

Pueden jugar dos personas para abrirse paso por la selva, esquivando los lentos disparos del enemigo y arrojando granadas para allanar el camino.

Amenazas acuáticas, puentes y búnkeres obstaculizan el camino, y al hacer volar por los aires las bases enemigas pueden aparecer prisioneros de guerra y, lo que es más importante, reservas de armas que te permitirán seguir combatiendo.

La máquina recreativa de Ikari Warriors, uno de los muchos títulos que se inspiraron en Commando de Capcom, permite las partidas con dos jugadores, y los joysticks giratorios te dejan moverte y ametrallar en todas direcciones.

Las balas y las granadas son limitadas, y tienes que dosificarlas.

Los enemigos utilizan los obstáculos y rincones que hay dispersos por el escenario para resguardarse, pero los jugadores disponen de un arma especial en forma de tanques, que son a prueba de balas y siembran el terror… al menos, hasta que se acaba el combustible.

De forma acertada, el título minimiza el contexto político y muestra al primo de Rambo como el personaje de una increíble película de acción, en la que masacras a toneladas de enemigos.

Pero el equipo que creó este juego era más radical de lo que se podría sospechar: después de Ikari Warriors, SNK produjo Guerrilla War, protagonizado por Che Guevara y Fidel Castro, aunque se obviaron los nombres en su lanzamiento occidental.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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