INGENIO AL SERVICIO DE LA BARBARIE

En cualquier guerra virtual de las que frecuentamos en nuestros juegos favoritos acostumbramos a lidiar con muertos, armamento pesado y cosas por el estilo.

Y, casi sin pretenderlo, uno se descubre a sí mismo divagando sobre la extraordinaria capacidad de causar dolor a base de perforar, desgarrar y, ya puestos, romper, que poseen hasta los más insignificantes fragmentos de metal.

No en vano, podríamos considerar estas guerra como el intento de varios seres – no necesariamente humanos en el caso que nos ocupa – por matar o, en su defecto, mutilar a sus semejantes, con artefactos que van desde la contundente sencillez hasta un alarde tecnológico, cuanto menos, digno de mención.

Títulos como Metal Gear, Mercs o los más recientes Call of Duty, por citar tan sólo algunos ejemplos posibles, no dejan lugar a dudas.

Así pues, un campo de batalla es aquel donde se utilizan los más variados instrumentos al servicio de Caronte – supongo que captan la ironía del asunto -, con resultados más o menos desagradables.

Sorprende en gran medida lo ingeniosos que resultan algunos de estos funestos utensilios.

Desde aquella mina saltarina, que en lugar de estallar en el suelo – efecto cónico, efectividad letal del 60%, para que vean hasta qué punto me he documentado sobre el asunto – lo hace en el aire – efecto paraguas, con la nada despreciable efectividad del 85% -; sin olvidar las granadas de carga hueca o la codiciada munición del calibre 5’56, reproducidas con asombrosa fidelidad en los programas actuales.

Esta última bala en cuestión tiene su gracia, puesto que pesa menos y eso le otorga una poderosa ventaja: al dispararse, según tengo entendido, viaja al límite de su equilibrio; de modo que al encontrarse con un obstáculo – como podría ser un cuerpo humano sin ir más lejos – altera su trayectoria para no salir en línea recta, sino que zigzaguea, perforando órganos y provocando el estallido de varios huesos a su paso.

La muy picarona.

No obstante, causa menos muertes que una bala del calibre 7’62.

Pero que esto no se preste a confusión, pues como todo en esta vida, su uso está muy estudiado y no resulta en absoluto casual.

A diferencia de los videojuegos, los muertos enemigos tienden a ser fácilmente olvidados.

Por tanto, lo realmente eficaz en toda doctrina bélica que se precie es causar muchos heridos – graves a ser posible -, dejándolos mutilados, y un largo etcétera.

Esto hace extremadamente necesario dedicarles esfuerzos de evacuación, entorpece la logística del rival, influye sobre su organización y muy particularmente sobre la moral.

Matar al enemigo ya no está de moda.

Ahora la tendencia consiste en multiplicar los tetraplégicos, y dejar que se pudran en la miseria durante el resto de sus días.

A esta conclusión, por fortuna, todavía no han llegado los programadores.

Pero ya se pueden imaginar ustedes a los valerosos estrategas en la vida real.

Prueben a fantasear con los susodichos, acomodados en sus respectivos despachos y acompañados por sus hermosas secretarias:

Hola guapa, qué tal?

Hay que ver cómo van las cosas.

Mira, ocho mil muertos por aquí, otros tres mil por allá…

Joder, este café está ardiendo.

Oye preciosidad, si tienes la gentileza, acércame los porcentajes de las quemaduras de napalm.

No, no, esos se refieren a la población civil.

Quería decir aquellos, de los soldaditos de a pie.

Gracias encanto.

Por cierto, ¿tomamos una copa a la salida del trabajo?.

No me vengas ahora con el cuento de que estás casada.

Yo también lo estoy“.

Parece algo insólito, pero el artillero – virtual o no – que empuña, qué se yo, una granada de mortero PPK-S1A en lugar de la nada despreciable PPK-S1B, puede ocasionar heridos leves o mutilados de por vida.

Y el manejo de estar armas dependen menos de las preferencias de dicho artillero que de los cálculos realizados por nuestro valeroso estratega mientras, entre café y café, intenta por todos los medios beneficiarse a la secretaria de turno.

Aquella bala del 5’56 de la que os hablaba anteriormente se comporta así porque en algún laboratorio, un brillante y aventajado ingeniero – hombre pacífico donde los haya, faltaría más, e incluso me atrevería a decir que católico practicante y aficionado a la música clásica – puso todo su empeño en ello.

Después, con la satisfacción del deber cumplido, pudo conciliar felizmente el sueño.

Lo curioso del asunto es que si cualquiera le acusara, directa o indirectamente, de los crímenes de guerra cometidos por aquel artillero, lo negaría en rotundo con absoluta y sincera indignación.

Pero claro, no todos estos profesionales actúan igual que un tal Hal Emmerich – léase Otacon -, por nombrar a un científico de probado prestigio y que a buen seguro les resultará familiar.

Pues, como les iba diciendo, tienen unas conciencias límpias y cristalinas.

A ver por qué iban a ser ellos más culpables que cualquier honrado fabricante de coches – ataúdes con válvulas en determinados casos si me permiten la licencia -, anunciados bajo el lema de: “sé libre y ponlo a tropecientos kilómetros por hora” – es un decir -, aunque su sobrada potencia y escasa protección siembren nuestras cunetas con decenas de muertos cada semana.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.