JUEGOS VIOLENTOS

Hace escasas semanas, a través de las distintas redes sociales, una joven lectora de Xtreme me preguntaba si Monster Hunter: World sería un juego apropiado para su edad.

Además, últimamente, se ha armado cierto revuelo con la violencia latente en los trailers de The Last of Us: Part II y Detroit: Become Human.

Y más: en un reportaje sobre la violencia en el deporte de #0, el famoso canal televisivo por suscripción, tuve que escuchar la manida referencia a GTA como potencial pervertidor de la juventud.

Esto me conduce, irremediablemente, a hablar del PEGI, la responsabilidad paterna y, por encima de todo, la madurez a la hora de abordar un juego.

Hay casos y casos, pero, en general, considero que el código PEGI es muy sobreprotector, al convertir cualquier atisbo de violencia en un +12, un +16 o un +18.

Es más una sugerencia que una prohibición, para curarse en salud, pero que se aconseje jugar a Monster Hunter: World a partir de los dieciséis años me parece un poco excesivo.

Como tantos otros, yo descubrí la serie GTA en aquel lejano 1.997, siendo un joven imberbe, y eso no me convirtió en un psicópata con impulsos de atropellar o disparar a la gente.

La saga cosechó un notable éxito tiempo después, con la aparición de PS2, donde yo preferí dedicar mis horas libres a otra salvajada de armas tomar, Devil May Cry.

Y mucho antes que eso, mis ojos ya habían visto cosas que, en teoría, deberían haberles estado vetadas: Virtua Fighter, Soul Blade, Time Crisis, The House of the Dead 2, Tekken 3 y un largo etcétera, por citar sólo algunos títulos relativamente modernos.

Estaban a mano con sólo aproximarse a un salón recreativo, pero si no hubiese entrado en contacto con esos y muchos otros juegos “para adultos”, probablemente hoy no sabría la mitad de lo que creo saber, ni tampoco estaría escribiendo esta reflexión.

Obviamente, no apruebo que un chiquillo de temprana edad juegue a un GTA – aquí entra en juego la responsabilidad paterna -, pero tampoco creo necesario esperar hasta cumplir la mayoría.

La clave es la madurez, junto con la capacidad para discernir la realidad de la ficción y ser consciente de la brutalidad, a menudo exagerada para restarle seriedad al asunto.

En ese sentido, a diferencia de un niño de hoy, quizá nosotros tuvimos la suerte de que nuestras primeras consolas y ordenadores no podían desplegar un grado de violencia como el de los gráficos hiperrealistas actuales.

Por ejemplo, ver los guantazos de Streets of Rage o Street Fighter II difícilmente nos iba a traumatizar.

En mi caso, incluso disfruté con las escenas perturbadoras de juegos como Splatterhouse, Mortal Kombat o Resident Evil, pero todo esto se puede extrapolar a otros ámbitos del ocio donde la violencia está a la orden del día.

Dragon Ball Z y los Power Rangers eran dos series de culto para incontables adeptos de todas las edades.

En el caso del cine, ahí tenemos La Naranja Mecánica, un filme que incluso se ha llegado a proyectar en diversos institutos, y que puede resultar tan desagradable como instructivo, ayudando a repudiar, más si cabe, la violencia humana.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.