JUGANDO CON POKÉMON EN MEGA DRIVE

Pocket Monsters 2 Sega Genesis Pikachu Pixel Art

De modo un poco desconcertante, hubo diferentes cartuchos no licenciados e inspirados en el universo Pokémon que vieron la luz en Mega Drive, obviando las consabidas adaptaciones piratas disponibles para Super Nintendo.

De todos ellos, Pokemon Stadiumbasado en el homónimo título de Nintendo 64 – era el que tenía una orientación más estratégica, enfocada al añejo sistema; y se recuerda por unos gráficos mastodónticos e insufribles cargas, a priori, omnipresentes.

Breve, sencillo y fiel al original, pretendía ser un juego como aquel que destacaba en otra máquina considerablemente superior, pero se quedó en una tierra de nadie que, no obstante, desde Xtreme Retro recordamos con cierto cariño porque, qué demonios, lo intentó.

Más consistente fue Pocket Monsters en formato de plataformas, ya que abrazó las constantes formales del género y apuntó maneras que terminaron de eclosionar en la memorable segunda entrega.

Tanto es así que incluso a día de hoy muchos lo reciben con una sorpresa mayúscula: sus brillantes gráficos, de una calidad equiparable a los juegos comerciales de la época – aparentemente sin haber sido ripeados -, y su sofisticada mecánica eran un sueño al que se aferraban los incondicionales de Pikachu y compañía.

Huelga decir que los fans también se agarraban, incluso con uñas sangrantes, al último estertor en la 16 bits de SEGA con su maltrecho compañero de fatigas, de similares protagonistas pero logros incomparablemente inferiores, y que responde al sonoro apelativo de Pokemon Crazy Drummer.

Quizá muchos le deban a este mal llamado programa musical, que cuenta con su propio periférico, la manía heredada hacia estos singulares monstruos de bolsillo.

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