JUGANDO TRISTE Y SOLO

Por lo general, de forma consciente o inconsciente, la sociedad tiende a discriminar con más frecuencia de la que sería deseable a los aficionados a los videojuegos, un concepto que tiene unas connotaciones a todas luces negativas, asociadas con la soledad y con el hecho de no estar integrados en la misma sociedad, dejando de ser partícipes de las actividades mundanas cotidianas de las que disfrutan tantas otras buenas gentes que, a juzgar por las opiniones vertidas en diversos medios, e incluso en el seno de algunos hogares, resultan ser lo deseable.

Si nos referimos a un chico adolescente, a más de uno le vendrá a la mente la imagen de aquél hipotético chaval tímido, entrado en carnes, falto de amigos, con una fantasía quizá más desarrollada que la del resto de sus compañeros, que como buenos niños que son prescinden de los videojuegos en favor de otro tipo de actividades, tales como el deporte y poco más.

Parece que hay cierta actitud de rechazo hacia esta práctica, algo que impulsa a los padres a pensar que para el desarrollo personal de su hijo, lo deseable sería que se encuentre en todo momento rodeado de amigos, decenas, centenas, e incluso miles de ellos si es posible; mirando con cierto desagrado como su prole se encierra a jugar en solitario, pues les resulta del todo inconcebible que el niño pueda disfrutar de ese modo, y menos comprensible aun que de esta forma pueda estar desarrollando parte de su intelecto, viviendo una bella historia, compartiendo el juego incluso con otros tantos amigos, ya estén presentes de forma física o bien a través de la red, y expandiendo sus propios límites, conociendo algunos de los más bellos parajes que ha podido gestar la mente humana, y deleitándose con ello, algo del todo irrisorio para muchos de estos preocupados padres.

Sin embargo, la mayoría de los aficionados al peculiar mundo del ocio electrónico saben que jugar es compartir, y quisieran, del mismo modo que lo han hecho ellos, crecer junto a sus hijos jugando, enseñándoles que todo en la vida requiere un sacrificio, un esfuerzo añadido, y qué mejor forma que hacerlo jugando, de una forma aparentemente natural y tan divertida que con frecuencia tiende a desprestigiarse.

Esta marginación social se acentúa incluso si el individuo resulta ser un adulto, por lo que existe una cierta tendencia a asociarlo con un hombre corpulento, de mediana edad, que no ha triunfado en la vida, incapaz de establecer una relación sentimental duradera, y otras lindezas por el estilo.

Y nada más lejos de la realidad, pues todos sabemos sobradamente que este estereotipo que asocia a los hombres orondos aficionados a los comics, amén de todas las series mangas habidas y por haber, siempre solitario, incomprendido, no se ajusta ni mucho menos a los parámetros reales, pues en mayor o menor medida todos jugamos a nuestra manera.

No es aventurado decir que jugar es necesario, ya sea solo o acompañado, pero es la mejor forma de crecer sin duda, siempre que se haga con responsabilidad y en su justa medida, y nadie debería criticar a otros por ello, ni asociarlos con determinadas prácticas o estereotipos que distan mucho de ser recomendables, más aun cuando los encargados de dispensar estos calificativos son personas pertenecientes a otra generación que no han sido partícipes del fenómeno que han impulsado los videojuegos, y por lo tanto no pueden llegar a comprenderlo en su plenitud.

Por lo que, cuando nos referimos a un supuesto jugador solitario, triste y sin aparentemente gente a su alrededor, probablemente incurriremos en un error al tacharlo de una persona inadaptada, incapaz de hacer amigos ni de interesarse por el mundo que nos rodea.

Una afirmación carente de base alguna, más allá de una idea generalizada y extendida, que dista mucho de ser algo cierto.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.