KID ICARUS

En un tiempo en el que cada juego de Nintendo estaba destinado a durar varias décadas, Kid Icarus fue como un acto fallido.

Aunque al principio de los años noventa tuvo una cuasi-continuación poco entusiasta en Game Boy, el ángel Pit que blande el arco fue, esencialmente, una maravilla de un solo éxito, que quedó olvidado mientras Mario, Link, Samus y el resto de personajes se dedicaron a realizar sus hazañas.

Aún así, Kid Icarus merece un lugar en el panteón de los clásicos de 8 bits.

La razón principal por la que no llegó a tener el estatus de icono se puede atribuir a un único factor: su extremada dificultad.

Basta con decir que sólo una reducida élite de jugadores consiguieron pasar el primero de los cuatro mundos.

La historia: Palutena, la Diosa de la Luz, está perdiendo la guerra contra la malvada Medusa, y su única esperanza reside en Pit, quien, al menos a primera vista, no parece muy preparado para la misión.

Con sus alas semifuncionales y sus pequeñas flechas, parece inferior a los Brujos Berenjena, a las moscas de Plutón y a las sirenas enemigas.

En cualquier caso, el título exige una actuación poco menos que virtuosa.

Si matas a pocos enemigos o no llegas a explorar todas las salas de los niveles, puede que te pierdas mejoras cruciales y que el resto del viaje sea mucho más difícil.

La existencia de claves secretas en Kid Icarus se difundió rápidamente tras su lanzamiento al mercado, lo que garantizaba a los jugadores un acceso rápido al mejor armamento y los niveles finales.

Estas claves, sin embargo, no funcionan en la versión de Wii, y quizá sea mejor así.

Porque Kid Icarus, sin duda, ha de ofrecer un reto digno.

Si a Pit no podemos verlo en las cajas de cereales, al menos que se le recuerde como el héroe que debe superar obstáculos imposibles para alzarse con la siempre esquiva victoria.

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