KLAX

Una cinta transportadora de fichas de dominó va depositando las piezas en primer plano, listas para ser seleccionadas según los diferentes colores de estos “klaxes” y sumar puntos a medida que los almacenas.

Klax es un cóctel de influencias de diferentes géneros y, aunque su estructura de desplazamiento y sus cien niveles le acercan a Space Invaders, tiene un ritmo general que recuerda a una severa y equilibrada mezcla entre Conecta Cuatro y Columns.

El ritmo de Klax es un microcosmos en favor de la progresión general, y los usuarios tienen la posibilidad de saltarse cinco o diez niveles, una treta ingeniosa para fomentar que se vuelva a jugar y tentar a los aficionados y a los egotistas para que aprendan paulatinamente.

La atracción de Klax radica en la rivalidad por puntos que hay en las típicas clasificaciones de las máquinas recreativas.

Aunque en las versiones domésticas, en varios sistemas, no tiene tanta fuerza, la esencia de su mecánica adictiva permanece intacta incluso en Game Boy.

La variedad de las puestas en escena – desde bosques hasta las mismas manos de Dios – son otro de los principales atractivos del juego.

Esa ostentación visual es un síntoma de los tiempos, pero en este juego tiene un papel más importante porque transforma la coin-op en un calidoscopio etéreo donde dominan las rígidas reglas de la programación de David Aker.

Se puede rastrear la influencia de Klax desde el Rez de Tetsuya Mizuguchi hasta el Space Graffic de Jeff Minter.

Y los efectos psicodélicos de la profundidad de campo son el legado que el juego puede reivindicar con orgullo.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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