L.A. NOIRE

Rockstar se ha caracterizado siempre por ofrecernos juegos nuevos, con un punto diferente y la clara intención de mostrarnos un lado del ocio electrónico poco o nada aprovechado hasta la fecha.

Cuando sacaron GTA III, con el mundo abierto y la falta de niveles de experiencia, muchos críticos y usuarios pusieron el grito en el cielo pensando que no sería interesante, que la idea estaba condenada al fracaso y que, decididamente, aquello no triunfaría.

Rápidamente se demostró lo contrario y para la gran mayoría de aficionados, hoy es recordado como uno de los mejores representantes de la saga, pese al inexorable paso del tiempo.

Con este L.A. Noire bien podría haber ocurrido algo parecido.

En palabras de Jeronimo Barrera, Vicepresidente de Desarrollo de Producto en Rockstar Games, “hay casos en el juego en los que no es necesario sacar un arma o enfrentarse a un criminal“.

Con L.A. Noire pretendían ofrecer a los usuarios un punto de partida diferente, en el que los disparos fueran algo accesorio y la trama, el diálogo y la investigación los pilares fundamentales, tratando de abarcar un público más amplio – como él mismo admite, cuando se reúne con sus hijos, no ven la televisión, sino que juegan a diversos títulos -.

Y obviamente, un juego de tiros no es la mejor opción para los más pequeños.

Sea como fuere, en L.A. Noire se estaban dando los primeros pasos encaminados en esta dirección.

No os vamos a engañar: hay tiros, escenas de lucha, crímenes violentos, sangre y lenguaje explícito.

No es un título para disfrutar en familia – de hecho, tiene una calificación PEGI + 18 -, pero sí trataba de sentar las bases para otros juegos futuros.

Y lo consiguió gracias a los tres pilares que comentábamos antes.

Por un lado, una trama soberbia desde el principio hasta el final.

No queremos desvelar nada importante, sólo reseñar que como agente de la ley en la ciudad de Los Ángeles, en 1.947, vamos a ver y vivir de todo.

A esta trama de nuestro trabajo, hay que añadir dos líneas argumentales más que se van desgranando a medida que avanzamos en el juego: una relacionada con la estancia en el ejército del protagonista, Cole Phelps, y otra estrechamente ligada con una psiquiatra de famosos de lo que entonces era conocido como Hollywoodland.

El segundo pilar es el diálogo, pues resulta vital conversar con los sospechosos y saber cuándo nos dicen la verdad y cuándo nos mienten.

Para ello, además de haber obtenido pruebas y pistas, debemos estar atentos a la reacción de sus rostros y sus gestos.

Gracias al sistema de grabación con cámaras en HD, cada personaje está digitalizado al detalle, pudiendo observar tics, muecas, miradas furtivas y un amplio abanico de actuaciones que nos ayudarán a aprovechar al máximo los interrogatorios.

Y por último, la investigación.

En cada escena del crimen y en cada lugar importante, debemos buscar pistas.

El juego incorpora un sistema de ayuda basado en una melodía y la vibración del mando que, dicho sea de paso, podemos desactivar para hacer de estas secuencias un verdadero reto.

El resto, es accesorio.

Tiroteos, persecuciones a pie y en coche, peleas, búsqueda de latas de cine, de periódicos, resolver llamadas de emergencia… También están presentes en el juego, pero a nuestro entender, sólo son adornos para potenciar los pilares básicos que ya hemos mencionado.

Lo importante es saber disfrutar de una historia única, que tomará giros inesperados en momentos clave y que no defraudará a nadie.

Y menos aún, a los incondicionales del cine negro – ah, por cierto, incluso podemos activar un modo en blanco y negro para jugar de esta manera y ser lo más parecido a una grandísima película de aquellos años -.

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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.