LA AMANTE DE SOLID SNAKE

Le calculé veintipocos años, como mucho.

Ella se sentaba en la cuarta o quinta fila en la sala de actos, donde el arriba firmante pronunciaba un breve discurso hace algunos meses.

Me pareció callada y tímida.

Venía cargada con una mochila, y durante el esperado descanso se acercó hasta mi para preguntarme si yo escribía en Old School Generation.

Aquello me pilló desprevenido, pero asentí.

Yo amo a Solid Snake – continuó – y al resto de personajes.

Lo dijo temblándole la voz, como si acabara de confesar una pasión extraña o del todo prohibida.

Aún pareció a punto de añadir unas palabras, pero no dijo nada más.

Conversé con ella unos instantes sobre temas banales, y luego volví a reanudar la charla en aquel instituto.

Curioso, me fijé en que mi joven interlocutora seguía por allí, mezclada con el resto de alumnos, con su mochila al hombro.

Apenas quince minutos más tarde, cuando yo me disponía a marchar, ella seguía en la puerta.

Quiero enseñarte algo – me dijo, y le temblaba la voz, como si aquello le costara un gran esfuerzo.

Estábamos junto a la puerta del Thos i Codina, y nada me comprometía a quedarme allí una vez concluída la charla.

Además, tenía otros planes para ese preciso momento.

Es que tenía pensado…

Pero ella me interrumpió diciendo – en una batalla uno nunca piensa lo que viene luego.

Me eché a reír, y al cabo de un instante ella también rió, todavía tímida.

Resulta imposible negar un café a alguien que apela, como santo y seña, a las palabras de Solid Snake.

Así que la joven que aseguraba amar a Snake tomó asiento frente a mi, y extrajo varios títulos de la serie Metal Gear.

Los había jugado en multitud de ocasiones, y por azares del destino encontró mi antiguo blog, donde acostumbraba a escribir largo y tendido sobre la franquicia, por el que supo que, además, ambos vivíamos en las proximidades de Barcelona.

Y así se fue soltando, a pesar de su timidez, sin apenas levantar los ojos de un cartucho para Game Boy Color, poniendo en mi conocimiento la cantidad de horas que había pasado a solas, recorriendo los pasillos de Shadow Moses, batiéndose con Revolver Ocelot, y escapando por casualidad a la temeraria persecución de Liquid Snake.

Lo conocía todo mejor que yo.

Para comprobarlo, nos planteamos una especie de cuestionario mutuo que resultó de lo más divertido, y del que salió vencedora.

En ese momento me percaté de que lloraba, silenciosa y mansamente.

Molesto, le pregunté por qué me hacía esa faena, y muy grave y seria respondió que nunca había podido hablar de todo eso con nadie.

Supe entonces que me estaba diciendo la verdad.

Mientras yo pagaba los cafés, ella fue guardando los juegos en su mochila.

Lo hizo con una dulzura infinita, como si se tratara de objetos preciosos.

Aún tenía los ojos húmedos, pero la vi sonreir.

Después lanzó un beso fugaz al aire, y la vi alejarse junto a otros estudiantes, con su mochila cargada de sueños e ilusiones.

Y así salió de mi vida para siempre, antes incluso de haber entrado.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.