LA AVENTURA ORIGINAL

Adventure sentó las bases de una nueva forma de entender los videojuegos, llegando a consolidarse como el precursor de un género, concretamente, el de las aventuras conversacionales.

Ideado originalmente por el célebre Willie Crowther cuando éste procuraba desarrollar un título para sus hijas, allá por el lejano 1.976, fue perfeccionado apenas un año más tarde por Don Woods, sirviendo a su vez como fuente de inspiración al afamado Warren Robinett, quien ya en 1.978 explotó esta idea para lanzar un título de idéntico nombre en la añorada Atari 2600.

No obstante, llegados a este punto, sería conveniente hacer una breve aclaración sobre las populares aventuras conversacionales, género en el que los aficionados al medio menos experimentados no estarán lo suficientemente versados.

A grandes rasgos, estos memorables títulos proponían una serie de acontecimientos que eran descritos mediante textos, pudiendo o no recurrir al uso de gráficos como un mero ornamento para acompañar a la acción.

De modo que el cometido del usuario quedaba limitado a interactuar con el mundo virtual propuesto a través de las ordenes que previamente redactaba, procurando acertar la palabra clave que le permitiese avanzar a un nuevo decorado, o en su defecto, hacia la continuación del anterior texto descriptivo.

Huelga decir que en este género la coherencia del relato es vital; más aún dadas las marcadas limitaciones de los apartados gráfico y sonoro, por lo que resulta del todo imprescindible ofrecer las pistas necesarias que faciliten una conclusión lógica para el enigma propuesto.

O lo que viene a ser lo mismo, acertar las palabras concretas que permitan afianzar el progreso en la aventura.

Un cometido en ocasiones realmente arduo, pero que una vez superado deriva en un regocijo aún mayor si cabe que deambular por complejos entornos tridimensionales ensalzados por las bondades de la alta definición.

Este curioso desarrollo bien podría antojarse ciertamente desconcertante para aquellos que no estén instruidos en el género, basado como estaba en la introducción de mandatos mediante una línea de comandos de forma continuada; aunque por contra no es menos cierto que durante los gloriosos años ochenta la práctica totalidad de aficionados al medio estaban familiarizados con el lenguaje BASIC y MS-DOS.

Respecto al panorama nacional, es necesario destacar que la primera aventura conversacional lanzada en nuestra península fue el mítico Yenght, gestado en el seno de la todopoderosa Dinamic.

Pese a ello, la culminación del género coincidiría con la adaptación del Adventure original, bautizado para la ocasión como La Aventura Original.

Esta nueva entrega, que además vio la luz en la práctica totalidad de sistemas de la época y vino engalanada por un solvente apartado gráfico para casi todas las localizaciones disponibles, difiere de la anterior por encontrarse fragmentada en dos partes, quedando la primera etapa localizada en el interior de una lúgubre caverna, mientras que el resto de la aventura transcurre en el exterior, donde abundaban los tesoros de seres ancestrales, ya fueran reyes élficos o incluso enanos.

Centrándonos en La Aventura Original, cabe decir que ostenta el honor de ser el primer programa desarrollado por Aventuras AD, una excelentísima filial de la propia Dinamic capitaneada por el inigualable Andrés Roberto Samudio Monro, especializada como estaba en la creación de sendas aventuras conversacionales.
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Como muchos de los lectores habituales de esta página bien recordarán, Andrés fue, además del fundador y director de Aventuras AD, el insigne guionista del compendio de juegos comercializados por la legendaria compañía desarrolladora.

Por descontado, este genero en desuso nos dejó grandes entregas para el recuerdo, tales como Don Quijote, basado en la inolvidable novela escrita por el ilustrísimo Cervantes, o la alegremente chistosa La Guerra de las Vajillas, que parodiaba nada menos que al universo de La Guerra de las Galaxias.

Y así hasta el lanzamiento de los soberbios Cozumel, Los Templos Sagrados y Chichén Itzá a principios de los noventa, que a su vez dieron forma a la trilogía popularmente conocida como las Leyendas de Ci-U-Than, tras las cuales este otrora aplaudido género fue alejado de la popularidad que antaño lo había caracterizado, debido principalmente al desmesurado éxito que cosechó la empresa Lucasfilm con su peculiar motor gráfico SCUMM, que marcaría el apogeo de las aventuras gráficas, coronadas muy probablemente por el extraordinario Monkey Island.

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