LA CENSURA DE FINAL FIGHT

De todos es sabido que SEGA era una compañía mucho más permisiva que Nintendo en cuanto a la censura de juegos se refiere, principalmente con aquellos que pudieran tener ciertas referencias de índole sexual.

Curiosamente, la gran N siempre puso especial énfasis en vigilar la estricta moral de los títulos comercializados para sus diferentes consolas una vez que estos se exportaban hacia los mercados americano y europeo, sin que este modus operandi afectase en la mayoría de los casos a los afortunados usuarios oriundos de Japón.


He aquí algunas de las diferencias más significativas, que procederé a enumerar a continuación, presentes en la primera entrega del imperecedero Final Fight, siendo muchas de ellas sobradamente conocidas, y otras cuanto menos chocantes incluso en la actualidad.


De entrada llama poderosamente la atención la ausencia de sangre en la práctica totalidad de versiones disponibles, que si estaba presente en el arcade cuando un personaje sufría una herida de arma blanca.

Siguiendo con el resto de curiosidades, algunos implacables enemigos, tales como Simons o Dug, lucen una tez más oscura en la versión original que ha sido disimulada en el resto de adaptaciones, probablemente procurando impedir cualquier posible referencia racista.


No obstante, la mano censora se hizo notar contundentemente con la desaparición de Poison y Roxy, las dos hermosas “féminas” que fueron sustituidas por los insulsos macarras Sid y Billy en las diferentes entregas, tratando presumiblemente de evitar cualquier alusión imaginable a la despreciable violencia de género, provocando por tanto el rechazo entre la comunidad de jugadores.


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La espectacular intro del juego también sufrió algunos cambios forzosos, pues mientras que en el título de Mega CD Jessica aparece semidesnuda al tiempo que un insufrible pandillero amenaza con una creíble violación, mientras un colérico Haggar le menta a sus familiares más cercanos, en otras versiones disponibles la pobre chica se muestra vestida, insinuando a duras penas que podrían hacerle daño, y moderando por tanto su lenguaje soez al enérgico alcalde.


He aquí otra modificación cuanto menos peculiar y que atañe a las divertidísimas fases de bonus que, dicho sea de paso, recuerdan a cierto juego de Capcom también protagonizado por sendos luchadores callejeros; sea como fuere, una vez destrozado el correspondiente vehículo, el dueño del otrora impoluto automovil estalla en sollozos, dejando escapar un lastimero “Oh! My God” – Oh! Dios mío -, que ha sido alterado por un más que políticamente correcto “Oh! My car” – Oh! Mi coche -.

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En cualquier caso, el anterior ejemplo dista mucho de ser la única posible connotación religiosa que ha sido drásticamente eliminada, pues los nombres referidos a los primeros jefes finales de nivel también fueron rectificados, de modo que DamndMaldito – pasó a conocerse como Trasher, y Sodom – una supuesta referencia a la sodomía – fue rebautizado para la ocasión como Katana.

Y ya para finalizar, se incluyeron leves variaciones en el diseño de algunos decorados y esculturas artísticas, porque al parecer rayaban lo obsceno, como se puede apreciar durante la última fase del programa, en la que los grafistas se vieron obligados a cubrir la desnudez parcial de los fríos pechos pertenecientes a las sinuosas estatuas que pueblan la mansión de Belger.


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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.