LA CENSURA EN BIONIC COMMANDO

A pesar de que en el cine es frecuente encontrarnos con historias con tintes dramáticos que ilustran una época de guerra, en la que los nazis eran el enemigo a batir, lo cierto es que, debido a la censura, éste es un aspecto más novedoso en los videojuegos. De éste modo, juegos como Bionic Commando llegaron a convertirse en una referencia de culto para todos aquellos que gusten de la cultura pop, precisamente por la censura que rodeó su lanzamiento. Éste juego fue lanzado el año 1988 en las salas arcade más famosas de la época, y un año más tarde versionado a la consola de moda, la Nes de Nintendo. El juego que fue desarrollado por Capcom no contaba con elementos innovadores, ni nada que destacase especialmente respecto a otros juegos arcade o plataformas de la época. Lo más llamativo era la imposibilidad de saltar, lo que obligaba al protagonista a servirse de su brazo biónico para poder alcanzar zonas que de otro modo serían imposibles. Éste pequeño detalle influyó en otros títulos de mayor renombre, tales como Metroid, Castlevania, e incluso en juegos más recientes como el famoso Devil May Cry 4. Pero el éxito de Bionic Commando, más que por méritos propios, se debía a las medidas adoptadas por Nintendo América para comercializar el producto. Originalmente, el juego se había lanzado en Japón con el sugerente título de Hitler no Fukkatsu (algo así como “la resurección de Hitler“). La historia narraba las aventuras de un soldado venido del futuro con el deber de rescatar a un compañero, retenido por el mismísimo Hitler, que había renacido de entre los muertos. Como veis, se trata de un argumento bastante más elaborado y rebuscado de lo que nos tenía acostumbrados la época. Por su parte, Nintendo decidió suprimir cualquier posible referencia al nazismo, por lo que se cambiaron decorados, añadiendo águilas imperiales que resultan más politicamente correctas que las cruces gamadas, cambiando el nombre de los nazis por “badds“, y sustituyendo el nombre al mismísimo Hitler por un sonoro Mister D, de menor repercusión política. Y nadie se habría dado cuenta de no haber sido porque al final del juego salía una imagen que no dejaba lugar a la imaginación. Y es que el mismo Hitler venido del averno nos plantaba cara en un singular duelo, que no dejaba lugar a dudas sobre su identidad.
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Xtremeretro

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados.
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