LA HISTORIA DE APPLE, PARTE 2

Tal como íbamos diciendo en la primera entrega del reportaje, a mediados del 1.976 se dieron a conocer los planos del Apple I en el ámbito universitario.

Aquel modelo primitivo constaba de una placa base con interruptor, que iba montada sobre una rústica caja de madera.

Así, mientras Wozniak se centraba en la parte práctica, Jobs imponía los requisitos básicos de la máquina, como un considerable aumento de memoria y una unidad de cassette, bastante tosca dicho sea de paso.

Una vez finalizado el prototipo, se dedicaron a promocionarlo entre las diferentes tiendas del lugar, hasta que finalmente obtuvieron un encargo de cincuenta unidades procedente de un pequeño comercio, que respondía al nombre de Byte.
Desde ese momento, fueron conscientes de la autentica revolución que tenían entre sus manos.

Eso motivó a Steve Jobs a fabricar su ordenador en masa, para lo que requería de una financiación a gran escala.

Por ello instó a su compañero para que persuadiera a su anterior jefe, Nolan Bushnell, uno de los máximos responsables de Atari, quien presentó la nueva compañía emergente en Silicon Valley – que por aquel entonces acogía a las principales empresas informáticas -, e informó al resto de empresarios del enorme potencial que atesoraba Apple.

No pasó mucho tiempo hasta que ambos se ganaron el favor de Mike Markkula, cuya fortuna había conseguido a través de Intel – una afamada compañía experta en la fabricación de microprocesadores -, por lo que decidió invertir una importante cuantía en el proyecto de Wozniak y Jobs.

Sin embargo, para garantizar el éxito del negocio les obligó a aceptar la colaboración de Michael Scott, antiguo representante de Intel, que centraría su esfuerzo en garantizar la parte comercial y vigilar a estos dos jóvenes talentos mientras trabajaban desde su garaje.

Felizmente, el Apple II estuvo disponible en una fecha record de menos de un año, y pudo verse por vez primera en la feria de ordenadores de la Costa Oeste en 1.977.

Para la ocasión, Jobs puso especial énfasis en el aspecto exterior de la computadora, pues defendía que, ante todo, no debería parecerse a una caja de puros“, en referencia al modelo anterior.

Y así, tuvo la genial ocurrencia de inspirarse en el diseño de las calculadoras de Hewlett-Packard, que como muchos sabrán, eran de plástico, blancas y ligeramente redondeadas.

Además, en un intento por evitar que otros usuarios modificaran el ordenador, se decidió a incluir una pegatina en la que se aseguraba que el interior de la máquina no contenía partes que pudieran ser utilizadas.
Por descontado, esta computadora aventajaba a muchas de sus competidoras, en especial si nos referimos a la diferencia de memoria y a su innovadora unidad de disco, hasta el punto de que llegó a convertirse en todo un hito en la historia de la informática.

Respecto a sus capacidades para reproducir juegos, el Apple II podía desarrollar gráficos en color en el monitor e incluso en una televisión, sin olvidar que también contaba con una estructura abierta que facilitaba la labor de los programadores frente al resto de consolas.

No obstante, el programa que marcó la diferencia no se trataba de ningún juego, sino de una rudimentaria hoja de cálculo conocida como VisiCalc, que había sido desarrollada por Software Arts, una diminuta empresa que poco después fichó por la competencia para programar aplicaciones de Windows.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Xtremeretro

About Xtremeretro

X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.