LA HISTORIA DE APPLE, PARTE 5

Tal como íbamos diciendo, el regreso de Steve Jobs a Apple supuso el renacimiento de la compañía, en parte posible gracias a la dimisión de Gil Amelio, que abandonó su puesto tras el segundo semestre de pérdidas consecutivo.

De modo que el primer cometido de Jobs consistió en modificar a toda la junta directiva por completo, y acto seguido averiguar dónde se encontraban los beneficios derivados de la venta de ordenadores personales.

Hecho esto, amenazó a Microsoft con pleitos multimillonarios por la autoria de su sistema operativo; pues no hay que olvidar que las versiones más recientes de Windows recordaban poderosamente al sistema Mac OS de Apple.

Y así, consiguió una generosa inyección monetaria, que se materializó durante cinco años.

Pero más importante todavía que las ganancias directas, fue el compromiso de Bill Gates para desarrollar programas compatibles con los ordenadores Macintosh, empezando por el laureado Office.

En los albores del año 2.000, Apple consiguió hacerse con el control de un elevado número de compañías que previamente habían centrado su actividad en la fabricación de ordenadores clónicos, incrementando por tanto las cadenas de producción oficiales, lo que a su vez le permitió abastecer al mercado con su nuevo y prometedor producto: el iMac, popularmente conocido como Columbus.

Huelga decir que dicho ordenador respondía a la necesidad de Apple para regresar a los hogares, y por ese motivo la empresa tuvo el acierto de dividir las líneas de producción en dos frentes bien diferenciados entre sí, los Powermac y los Powerbook, que a grandes rasgos seguían siendo ordenadores personales de gran potencia, pero un precio desmesurado; y los iMac, iPod e iBook, menos sofisticados quizá, pero con tantos programas disponibles como los de cualquier otro PC, entre los que se incluían juegos del calibre de Tomb Raider o Quake III Arena, por mencionar tan sólo algunos ejemplos posibles.

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