LA HISTORIA DE APPLE, PARTE I

La historia de Apple bien podría considerarse como un hermoso cuento de hadas en esta industria tan competitiva.
Su protagonista, el insigne Steve Jobs, era un ingeniero de sobrado talento que se había marchado de Atari cuando decidió fundar Apple Computers junto a su camarada Steve Wozniak, allá por el año 1.976.

Durante sus inicios, ambos optaron por trabajar desde el garaje de su propia casa, y pusieron su ingenio al servicio de unas cajas azules con las que pretendían manipular las señales telefónicas, inspirándose en un artículo de la prestigiosa revista Esquirer.
Pese a sus largas melenas y pobladas barbas, lo cierto es que la creación de tales mecanismos respondía más a una demostración de conocimientos y maña, que a la lucha establecida contra el sistema vigente, pues en realidad los dos jóvenes pertenecían a familias adineradas.

No tardaron excesivo tiempo en descubrir cómo abaratar el coste de las conferencias locales, llegando a vender la friolera de una tonelada de estas preciadas cajas, si atendemos a las palabras del mismísimo Wozniak.
Como cabía esperar, sus afortunados compradores fueron los numerosos compañeros de universidad, entre los que se ganaron el sobrenombre de trucadores de teléfonos.
Pero su visión comercial era mucho más amplia, y conscientes de que no conseguirían enriquecerse con estos dispositivos, sin olvidar los evidentes problemas legales derivados de su venta, idearon un nuevo y esperanzador proyecto.

Y así, pretendían construir un ordenador a imagen y semejanza de aquellos que acostumbraban a usar en la universidad, con la salvedad de que les permitiera realizar cálculos mucho más complejos.
A modo de curiosidad, no era la primera vez que una empresa se había embarcado en un proyecto semejante, aunque con un éxito comercial que podría tacharse de moderado en el mejor de los casos.
De modo que el antecedente directo lo encontramos en un periférico que se conectaba a la Colecovision, cuyas prestaciones resultaban ciertamente mejorables.
No obstante, apenas un lustro antes el bueno de Steve Wozniak ya había conseguido elaborar su propio ordenador doméstico, al que en un alarde de imaginación bautizó como ordenador del batido de soda, atendiendo a la bebida que ingería mientras se le ocurrió la genial idea.

Afortunadamente, los componentes para construir aquella computadora los consiguió de forma gratuita, por cortesía de su buen amigo Bill Hewlett, el fundador de Hewlett-Packard nada menos, con quien había trabajado a la tierna edad de tan sólo trece años.
Tal como cabía esperar, aquel ordenador acabó resignado al olvido, debido principalmente a la falta de programas compatibles, pero en cuanto Jobs estuvo al tanto de semejante hazaña, puso especial empeño en la creación de una nueva máquina, para la que sería necesario conseguir unos chips más económicos que los empleados con el ordenador original, porque serían ellos mismos quienes deberían costear su producción.

Y así llegamos a mediados del 1.976, cuando satisfechos mostraron por vez primera los planos del futuro Apple I, que todavía usaba una carcasa de madera.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.