LA HISTORIA DE LOS JUEGOS DE CARRERAS, PARTE 1

Los juegos de carreras no precisan de presentación alguna, pues su fama les precede.

De hecho, si se colocaran los distintos géneros en un cenotafio y se les asignara un rol a cada uno, el de carreras probablemente sería elegido como el mensajero del resto de títulos, debido principalmente a su entregada labor de divulgación de un nuevo concepto.

Un nuevo concepto expresado por la aplicación de la tecnología más vanguardista a los videojuegos; una tecnología, dicho sea de paso, con un enorme potencial exportable a otros tantos géneros y que todavía tiene mucho que mostrar en el presente y en el futuro inmediato.

Historicamente los juegos de carreras han sido los preferidos para presentar las cualidades y características de los últimos avances tecnológicos en el hardware y software de entretenimiento.

Atesoran un poder único para embelesar a los usuarios mediante despliegues apabullantes de superioridad técnica, y para atraerlos con una capacidad de diversión envidiable.

En definitiva, al género se le ha asignado la responsabilidad de hacer realidad el sueño de cualquier erudito del marketing: introducir experiéncias inolvidables de las que cualquier aficionado hablará durante muchísimo tiempo.

A lo largo de todos estos años, desde que Pole Position de Namco se convirtiera por méritos propios en el foco de atención de todas las miradas, allá por el año 1.982, los juegos de conducción han evolucionado significativamente hasta verse convertidos en ingenios realistas de gran sofistificación capaces de ofrecer a sus usuarios una experiéncia similar a la realidad – una realidad que bien podríamos calificar de alternativa en lugar de virtual -.

Durante estas décadas Pole Position ha pasado de ser el primero a merecer su inclusión en la videoteca de cualquier museo dedicado al ocio electrónico.

La única similitud que Pole Position guardaba con la conducción real era a grandes rasgos que el jugador controlaba un sprite que simulaba un coche mediante el uso de un volante y un pedal analógicos, pues el resto del programa fácilmente pasaría por un dodge’em up – para aquellos que no estén familiarizados con el término, hace referencia a los juegos que basan su atractivo en sortear distintos obstáculos – ambientado en una suerte de carretera parpadeante poco convincente.

Por descontado, cualquiera que pretendiera tener cierto éxito con Pole Position confiando la carrera a su habilidad como conductor en la vida real, no tardaría en llegar a la inequívoca conclusión de que el programa nada tenía que ver con la auténtica conducción.

No obstante, este título atesora el mérito de preparar la escena para que los numerosos juegos de carreras que vendrían después pudieran irrumpir con sobrada fuerza en los salones recreativos, así como en el resto de ordenadores y consolas de uso doméstico.

Muchos otros títulos que se ganaron el favor del público en ambas plataformas eran en realidad conversiones de las coin-ops; sirvan a modo de ejemplo Hang On, Outrun, Final Lap, Super Monaco GP o Power Drift.

Los sprites, aquella carretera parpadeante y la conseguida perspectiva proxima a las 3D que engalanaban a Pole Position bastaron para transmitir unas sensaciones de velocidad y movimiento relamente satisfactorias para la época.

Sin duda, fue el inicio de un larguísimo romance entre los aficionados, los juegos de carreras y las coin-ops que estaban presentes en numerosos salones arcade.

En síntesis, bueno sería recordar que posiblemente aquellos juegos de conducción primitivos como Stunt Car y Pole Position allanaron el camino para sus predecesores, aunque en esencia no eran más que dodge’em ups – programas de esquivar obstáculos – localizados en carreteras parpadeantes.

Eran francamente divertidos, pero su dominio y control poco o nada tenían que ver con la habilidad requerida para conducir un vehículo en la vida real.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.