LA HISTORIA DE LOS JUEGOS DE CARRERAS, PARTE 3

INNOVANDO POCO A POCO
Por descontado, la innovación en el género de las carreras no iba a consistir tan solo en una calle de sentido único trazada entre las coinops y los sistemas de entretenimiento doméstico.

En 1.988 Stunt Car Racer de Sir Geoff Grammond, para Amiga y Atari ST, supuso la creación de los juegos de carreras poligonales.

Por vez primera un título de estas características hacía gala de una perspectiva convincente que se asemejaba a la realidad.

La sensación de conducción aquí seguía siendo muy poco profunda, pero ganaba en realismo.

Sin embargo, lo más destacable era que Stunt Car Racer permitía enlazar dos máquinas para entablar competiciones contra otros usuarios, prescindiendo del recurrido método de la pantalla partida.

Ya en el año 1.994, la popular revista EDGE llegó incluso a lamentarse de que un programa de estas características careciera de conversiones para otras consolas.

Si atendemos a los comentarios que era posible leer en el prestigioso magazine:
Ya no los hacen como antes… Con la tecnología actual de cartucho, los propietarios de Super Nintendo y de Mega Drive podrían haber disfrutado de uno de los mejores juegos de carreras jamás creados“.

Y así Stunt Car Racer acabó por convertirse en uno de los representantes más realistas de todos cuantos fueron desarrollados para los ordenadores domésticos, cuando en el 1.991 reapareció bajo el nombre de Formula One Grand Prix para Amiga, dando origen a un nuevo mito en el género de la conducción.

Evidentemente, con el paso del tiempo fue superado en cuanto a realismo se refiere por otros programas tales como Indy Car Racing para PC, pero ningún otro título de conducción pudo repetir el impacto del anterior, si no tenemos en cuenta su continuación directa comercializada en el año 1.996, que era incluso más realista.

No obstante, es preciso destacar que Indy Car Racing consiguió llevar el realismo de los juegos de carreras a un nivel desconocido hasta entonces.

Ofrecía planos alejados y giratorios, y las colisiones se asemejaban en gran medida a las de la vida real; sin olvidar los impresionantes detalles que lucían los diferentes vehículos.

Los fabricantes de máquinas arcade celebraron la llegada de los polígonos en pleno año 1.989, cuando Namco distribuyo en el mercado el magnífico Winning Run.

Pese a que no llegó a alcanzar la fama que había caracterizado a Hard Drivin, otro de los juegos estrella de Atari, este título causó una impresión tal que dictó el nuevo rumbo a seguir para el resto de competidores, evidenciando aquello que deparaba el futuro más inmediato.

El último juego de carreras de polígonos planos fue el sobresaliente Virtua Racing, desarrollado para la placa Model 1 de SEGA, que tan buen resultado dio en los salones recreativos.

Cierto es que pocos años después de su lanzamiento parecía anticuado, pero en el momento de su aparición supuso toda una revolución.

Rezumaba polígonos y ofrecía al usuario un total de cuatro perspectivas diferentes, desde la cabina hasta el ángulo picado, e incluso elevaba la cámara varios metros.

A todas estas virtudes era preciso añadir una caja hidráulica, gráficos soberbios y una sensación de conducción como nunca antes se había experimentado, que le valieron incontables halagos en todo el mundo.

De modo que Virtua Racing no tardó en convertirse por méritos propios en el mejor juego de carreras de su tiempo, en parte porque reproducía la realidad con una fidelidad digna de toda loa y alabanza.
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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.