LA PROTESTA DE SOFÍA SANCHEZ LÁZARO

Sofía Sanchez Lázaro Pixel Art Xtreme Retro

Me pide Sofía que proteste por ella, pues no puede hacerlo por sí misma, y por lo visto alguno de sus superiores es lector ocasional de esta bendita página web que nos traemos entre manos.

Imagino que el problema de Sofía es que España va cada vez mejor, como dicen mis primos del Gobierno,

Y por ir mejor se entiende aquí que los bancos ganen viruta, que quienes cotizan en bolsa sigan haciéndolo sin sobresaltos, y que toda la mugre quede barnizada bajo una apariencia de estabilidad, modernidad y diseño; pues resulta que respecto a Sofía y a los que son como ella, o los que todavía están peor – que son unos cuantos millones largos -, hay mucha gente interesada en que ni se les vea, ni se les note, ni traspasen.

Tampoco vayan ustedes a creer que Sofía es una muchacha especialmente marginada, o que padece algún síndrome incurable y raro.

Todo lo contrario.

Podría considerarse privilegiada porque ronda la treintena, es guapa y está sana, y además pudo estudiar dos años de Administración y otro de Informática antes de enviar currículums a todo cristo y conseguir, por fin, un contrato de seis meses en un famoso establecimiento, y más concretamente en la sección de videojuegos, que estipulaba cuarenta horas semanales, quince días de vacaciones y unos 800 euros al mes.

Luego, en la práctica, el asunto se convirtió en once horas diarias, sábados de nueve a tres, y algún domingo puntual; sumando, si la aritmética no me falla, más de setenta horas por un salario no muy superior.

Que, según me informa y redondeando picos, sitúa la hijoputez en poco menos de tres euros la hora, es decir, la tercera parte de lo que gana una asistenta.

Aún así, Sofía sigue teniendo suerte.

Su jefe no es de los que le manosean el culo al cruzarse en el pasillo, ni de los que dejan caer eso de que las cosas podrían ir mejor si no fueras tan arisca, nena.

Tampoco le ha propuesto acompañarlo como secretaria en algún viaje de trabajo que incluya fin de semana; eso sí, sin obligar a nadie ni forzar las cosas, dándole perfecta y libre opción a elegir entre tragar o irse al paro.

Pero nada más lejos de la realidad.

El jefe de Sofía es un hombre respetable y considerado, así que se limita a decirle que sonría a los clientes, que se vista sexy pero no mucho, que ordene con cuidado los respectivos títulos, y que recuerde barrer después de cerrar.

Incluso le ha recomendado baños de no sé qué para esas varices que a Sofía le están empezando a salir en las piernas por estar de pie tras el mostrador o la caja.

En cuanto a la contractura muscular de la espalda, que se le ha vuelto crónica a fuerza de subir y bajar cajones, la paga extra de navidad piensa invertirla en costearse un masajista.

Y de ese modo Sofía comparte trabajo y contrato basura con Georgina, Gonzalo y Carlos, conscientes todos ellos de que basta colgar un cartel en la puerta para que centenares de Georginas, Gonzalos y Carlos acudan en tropel a cubrir el puesto que cualquiera deje vacante por un mal gesto con el jefe, por sonreír de más o sonreír de menos, por hartarse un día y mandarlo todo a tomar por saco, o decirle a ese cliente que tal o cual juego ni ha llegado ni lo hará en la vida, y un largo etcétera.

Y como resulta que ni Sofía, ni Georgina, ni Gonzalo, ni Carlos pueden darse el gustazo y exteriorizar la sonora protesta que llevan atravesada en la garganta y, para más inri, al arriba firmante el jefe de ellos cuatro, y los jefes de su jefe, y los jefes de los jefes de su jefe, le importan un huevo de pato, y yo sí puedo permitírmelo sin que me pongan de patitas en la calle sentenciándome a la cola del paro, pues hoy he decidido complacer a Sofía y protestar por ella y por esa España que, aseguran, va cada vez mejor.

Y decir, bien alto y claro, que un paraíso económico que se basa en la explotación miserable de los jóvenes, en la ley del cacique más analfabeto y truhán, en los resultados de las cincuenta empresas y doscientos bancos mientras la sordidez se esconde para que no se vea, no es un Estado de bienestar por mucho que lo pintemos de bonito y reluzca de lejos, o le pongamos mucho diseño, mucho mire usted y mucha corbata.

O sea, que si ésa es la España a que se refieren cuando dicen que va mejor, pues estamos listos de papeles.

Sofía dixit, y yo lo firmo.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.