LEGEND OF ZELDA: THE WAND OF GAMELON

La franquicia de Legend of Zelda es una de las más prestigiosas a nivel internacional, además de una de las más valoradas y queridas por la comunidad de jugadores; en especial si nos referimos a los usuarios de las plataformas de Nintendo.

No obstante, su gloriosa trayectoria no está exenta de ciertos lunares que, dicho sea de paso, no han pasado de ser una mera anécdota, sin conseguir hacer mella en la magnificencia de una de las más brillantes creaciones de cuantas se recuerdan, fruto del inimitable talento del maestro Shigeru Miyamoto.

Esta funesta serie, que toma prestado el buen nombre de la obra maestra de Nintendo, la conforman los títulos Legend of Zelda: The Wand of Gamelon, Link: Faces of Evil y finalmente Zelda‘s Adventure, que fueron comercializados a principios de la década de los noventa en la consola Phillips CDi, uno de los mayores fracasos de cuantos se recuerdan en la historia de los videojuegos.

Resulta significativo que las dos primeras entregas de esta mal llamada lista de juegos se pusieran a la venta el mismo día, cosechando nefastos resultados, lo que evidencia hasta qué punto le urgía a la empresa distribuidora explotar el carisma de esta consagrada saga que tuvo sus inicios en la emblemática NES, y la poca atención que recibieron por parte de sus desarrolladores.

No en vano, sus mayores señas de identidad son la mediocridad en la práctica totalidad de apartados que los conforman y un desarrollo soporífero, lastrado por un exasperante manejo.

Una vez hechas estas aclaraciones, pasaremos a centrarnos en el título que nos ocupa, que no es otro que el paupérrimo Zelda: The Wand of Gamelon.

La trama que sirve para dar paso a semejante despropósito es la siguiente: la isla de Gamelon ha sido invadida por el pérfido Ganon, de modo que el rey de Hyrule decide presenciarse para prestar batalla contra las huestes del mal.

La princesa Zelda se opone en rotundo a la decisión de su padre, temerosa por el destino que le aguarda, pero en vista de que la Trifuerza de la sabiduría ha profetizado la seguridad del rey, finalmente accede a sus designios.

No obstante, acaba por perderse el contacto con la familia real que ha acudido al encuentro de su destino, y ni siquiera el intrépido Link ha tenido mejor fortuna, por lo que la aguerrida princesa Zelda tomará la firme decisión de acudir presta al rescate de su bienamado padre.

Con esta premisa el usuario pasará a controlar a la carismática princesa, aunque desprovista para la ocasión de todo el encanto que la caracterizó en anteriores entregas, un hecho bastante insólito en la saga.

Su cometido será el de rescatar tanto al rey de los Hylianos como al bueno de Link, el héroe por excelencia de la franquicia, al tiempo que ayuda al resto de habitantes de la isla a cambio, eso si, de determinados objetos que servirán para afianzar el progreso en la aventura.

Huelga decir que el apartado gráfico se ha resuelto de forma notable, haciendo gala de un colorido impecable así como de un nivel de detalle para los distintos escenarios loable, si bien son parcos en originalidad y adolecen de un diseño simplificado en exceso.

Tristemente las secuencias de vídeo que se muestran no hacen sino enturbiar parte del buen trabajo que se ha llevado a cabo en esta sección, pues las animaciones resultan nefastas, casi grotescas, las texturas son infames, los dibujos empleados carecen de gracia alguna, y el diseño de los personajes deja bastante que desear.

Pese a todas sus carencias, es justo reconocer que en el año de su lanzamiento, 1.993, su realización técnica no resultaba tan deplorable, llegando incluso a ser digna de mención en determinados aspectos.

Por fortuna, los sprites empleados para los personajes mejoran sustancialmente, aunque las pésimas animaciones de los mismos empobrecen el acabado final.

En cualquier caso, este es uno de los pocos apartados que se salvan de la quema en el maltrecho compacto, si bien no era equiparable a otras creaciones disponibles para la decadente plataforma, que mostraban unos sprites para los personajes disponibles mucho más trabajados, así como unas animaciones notoriamente más fluidas, sin olvidar a las secuencias introductorias, mejor llevadas a cabo que en este desafortunado programa.

A nivel sonoro el juego se benefició de las capacidades del formato CDRom, hecho que se hizo notar especialmente en los diálogos, impensables en otras máquinas existentes de la época; aunque con un trabajo de doblaje poco afortunado que consigue empeorar el acabado en su conjunto, pese a contar con algunas melodías que sin ser un prodigio de la técnica, al menos si cumplen con su cometido holgadamente.

Pero si en el resto de secciones el programa presenta luces y sombras, es el apartado jugable el que se torna en un auténtico despropósito, evidenciando el horror en su cara más amarga, siendo este uno de los primeros referentes para cualquier juego que se precie de serlo.

Tanto es así que consigue dilapidar sin mayor dilación al resto de apartados que conforman el compacto, marchitando todo el encanto que pudiera haber heredado de la serie original creada por Nintendo.

El desarrollo presenta ciertas similitudes con la segunda entrega de la saga original, Legend of Zelda: The Adventure of Link, considerado entre los aficionados como el peor título jamás creado dentro de esta consagrada franquicia.

Sin embargo, a diferencia de aquél, aquí la ejecución se torna desastrosa.

Sirva a modo de ejemplo la supresión del mapa central, que en la presente entrega se ha visto sustituido por una mejorable pantalla estática por la que el usuario deberá navegar, como si de una aventura gráfica se tratase, permitiendo el acceso a los diferentes niveles jugables tan solo en determinadas áreas, que se irán incrementando en número durante el periplo de la princesa Zelda.

Una vez en el interior de las distintas fases el avance se asemeja a las clásicas aventuras con scroll lateral, aunque con un progreso monótono que roza el tedio en no pocas ocasiones, obligando a eliminar cuantiosos enemigos al tiempo que se recogen las joyas que van dejando caer, que a diferencia del resto de entregas de esta gloriosa franquicia será necesario golpear para poder adquirir.

El control además resulta ciertamente mejorable, pues se emplean tan solo dos botones para realizar el total de acciones disponibles, y lo que es peor, con frecuencia se tienden a cometer movimientos que no son los deseados dado que se ejecutan mediante las mismas combinaciones, ocasionando que el usuario pretenda poner una bomba y se encuentre abriendo una puerta, por citar tan solo uno de los muchos casos posibles.

Este detalle en combinación con un avance lento, salpicado por infinidad de enemigos, y la imposibilidad de defenderse con totales garantías, consigue lacrar un progreso que de otro modo hubiera podido resultar al menos entretenido, pues al lamentable control empleado para el combate se le añade un tortuoso sistema de exploración y una habilidad de salto mediocre para la protagonista, que imposibilita esquivar siquiera a los enemigos de menor tamaño.

Y quizá el detalle más curioso de todos, se le exige al usuario tener rupias en posesión para poder hacer uso de simples objetos, siendo algunos de ellos de vital importancia para garantizar el avance, tales como la flauta o el guante.

Todos estos inconvenientes impiden poder disfrutar de una aventura que se ha planteado con cierta originalidad, e incluso presenta algunos detalles realmente novedosos, como la posibilidad de controlar a la princesa Zelda por vez primera.

Pero son tales sus carencias, y tan numerosas, que imposibilitan que esta entrega sea recomendable ni siquiera para los fans más incondicionales de la serie Legend of Zelda, quedando reservada exclusivamente para aquellos amantes del coleccionismo, o bien de las rarezas, que encontrarán en Zelda: The Wand of Gamelon un motivo de alegría.
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