LINDSEY STIRLING Y SU PECULIAR VISIÓN SOBRE EL MUNDO DE SKYRIM

Permitidme aparcar momentaneamente el REPORTAJE ESPECIAL ALIENS para hablaros sobre una vieja conocida de esta página, no sin antes tomarme la licencia de platicar brevemente sobre mi mismo, a modo de introducción.
Algunos acontecimientos relevantes durante los últimos meses me han causado gran pesar, pero también me han permitido extraer interesantes conclusiones sobre el arte de vivir.
Y así, pude llegar a la siguiente resolución: antes de que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de llorar.
Antes de que el oído pueda oír, tiene que haber perdido la sensibilidad.
Y antes de que el alma pueda erguirse, es necesario que los pies se hayan lavado en la sangre del corazón.
¿Qué pretendo insinuar con semejante metáfora?, se preguntará más de un afanado lector.
Pues, en esencia, que es preciso vivir la vida, no pensando en el pasado ni necesariamente en el futuro que está por llegar, sino en lo eterno de cada momento.
Pues nuestra alma es, con frecuencia, un campo de batalla donde la razón y el juicio combaten contra viejas pasiones y aún más antiguos apetitos.
En mi caso, la fuerza pacificadora del alma tenía nombre de mujer y origen gallego; y es que hubo una época en la que ella poseía la capacidad de transformar la discordia y rivalidad de mis propios elementos en unidad y armonía.
No obstante, esta resultaría una empresa imposible de no ser uno mismo pacificador y, mejor todavía, amante de su propia naturaleza.
Tal es el efecto que produce en mi la obra de LINDSEY STIRLING, de la que ya os hablé antaño.
Pues mediante sus composiciones tiene el don de manifestar aquello que el corazón percibe, pero son incapaces de repetir los labios.
Y es que su razón y pasión son a la vez timón y velamen de su alma navegante.
Si, llegado el caso, las velas o el timón se rompen, tan sólo sería posible navegar a la deriva o permanecer inmóvil en medio del inmenso mar.
Porque la razón por si sola reina y restringe todo impulso; y la pasión, abandonada a sí misma, es un fuego que arde hasta su propia destrucción.
Pero gracias a su música consigue que su propia alma eleve nuestra razón a la altura de la pasión que ella misma le profesa a los videojuegos, y así esta última le permite entonar las más bellas melodías.
Y de algún modo que no atino a expresar, dirige esa pasión para que viva una resurección cotidiana y, como el fénix, renazca de sus propias cenizas.
Basta con deleitarse con los primeros acordes musicales para esbozar una escena idílica, cuando posados en las colinas del vídeo que se muestra a continuación, sentados a la sombra fresca de los álamos blancos, compartiendo la paz y la serenidad de los campos y los prados lejanos, nuestro corazón reposa en silencio con su atronadora armonía.
Y cuando el bramido de la tempestad y el viento poderoso sacuden esos bosques, y el trueno y el relámpago proclaman la majestad de los cielos al son de la lucha, entonces, nuestro corazón se muestra temeroso y actúa con respeto, y aún con idéntica pasión a la que siente su dulce protagonista.
Sin más preámbulos, os dejo con esta abrumadora creación de la célebre Lindsey Stirling y el simpar Peter Hollens.

Sed todos bienvenidos al mundo de Skyrim.

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