LOS DEFENSORES DE MORTAL KOMBAT

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Todavía no he catado el nuevo Mortal Kombat, pero he seguido con atención cierta polémica sobre la corrección o incorrección social del título, los pareceres encontrados sobre el supuesto retraso artero y malévolo de los guerreros en Netherrealm, y los tópicos sobre el honor y la gallardía de los luchadores terrestres.

Ha sido interesante asistir a ese contraste de opiniones entre los partidarios de una visión tradicional del acontecimiento, la heroica, frente a la de quienes se expresan desde un enfoque menos optimista y lamentan que Shinnok y su gente todavía figuren en la saga como los malos de turno.

En el debate no han faltado, naturalmente, las alusiones a las crisis entre los valores de la democracia y los que otras culturas sostienen, las menciones a diversos reinos, y un largo etcétera.

En el que podríamos llamar sector crítico frente a la versión transmitida por los títulos primigenios, hay opiniones muy respetables, versiones de aficionados encallecidos que, con el peso de su autoridad y con más o menos eficacia según el talento de cada cual, revisan tópicos, iluminan rincones oscuros, deshacen o cuestionan interpretaciones tradicionales; pero junto a ese análisis serio, académico, se ha dado también, como era de esperar en los tiempos que corren, una intensa agitación del gallinero mediático, empeñado en aplicar los habituales clichés de lo social o políticamente correcto.

De manera que junto a esos finos analistas, intelectuales de pasta flora, eruditos cutres, tertulianos charlatanes y políticos analfabetos, siempre dispuestos a endemoniar esta peculiar industria, sólo ha faltado alguien que denuncie a Johnny Cage y sus compañeros ante el tribunal internacional de La Haya, por militaristas, por xenófobos, y por andar dispensando fatalities tan alegremente.

De modo que van a permitirme, también, opinar al respecto.

Eso sí, con un criterio contaminado por el hecho poco objetivo de haber seguido la franquicia desde sus orígenes, pues cada cual tiene sus taras.

Quizá ése es mi problema.

Y es que no hay nada mejor, lo admito, para la objetividad, la equidistancia y la corrección política que no haber probado, en la vida, un triste videojuego, o leído algún libro al respecto.

Pero a ver si lo resumo bien: Raiden, Jax, Sonya, …, son de los nuestros.

Aunque siempre sea mentira lo de buenos y malos, lo de peones blancos y negros sobre el tablero de la historia, lo que está claro – paralelismos modernos aparte – es el color de los escasos guerreros en Earthrealm que libraron hasta el último combate contra las huestes del Netherrealm, quienes los envolvieron y aniquilaron.

Pese a sus reglas, a las crueles costumbres de su patria, a que los enemigos no eran necesariamente malvados, sino sólo gentes de otras tierras y otros puntos de vista, aquellos luchadores de voluntad inquebrantable que permanecieron dispuestos a cenar en el mismísimo infierno, riñeron siempre como fieras, hasta el último hombre, conscientes de que su hazaña era un canto de libertad: la demostración suprema de lo que el ser humano, seguro de lo que defiende, puede y debe hacer antes de someterse.

Y claro que son héroes.

Da igual que los fans magnifiquen sus hazañas, o que los enemigos sean de una u otra manera.

Lo que esas personas rudas y valientes defienden desde hace varias décadas no es el diálogo de civilizaciones, ni el buen rollito ni el pasteleo para salvar el pellejo poniendo el culo gratis.

Enaltecidos por los aficionados al medio o desmitificados por quienes lo miran con desconfianza, lo indiscutible es que, con su sacrificio, tratan de salvar una idea de la sociedad y del mundo opuesta a cualquier poder ajeno a la solidaridad y la razón.

Al morir de pie, nos han relegado todas sus esperanzas y anhelos.

Por eso opino que, en ese aspecto, los defensores de Mortal Kombat nos han hecho libres.

A su manera.

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