LOS GRANDES APORTES DE KONAMI A LOS ARCADES

Una de las compañías que más ha contribuido al éxito de los arcades ha sido sin duda Konami, fundada en el lejano año 1969; si bien su irrupción en el mercado de los videojuegos hay que situarla durante el 1.973.

Sin embargo, sus años dorados en cuanto a desarrollo de arcades se refiere quedan localizados durante la década de los ochenta, e incluso principios de los noventa, dando a luz a una gran cantidad de títulos de probado prestigio, largamente recordados, que dispusieron de conversiones para los sistemas domésticos de la época, tales como MSX y NES, haciendo las delicias de toda una generación de usuarios.

Los afortunados jugadores de aquella época pudieron disfrutar de programas del calibre de Gradius, Frogger, o Contra, entre tantos otros, unos clásicos de los que beben y se nutren multitud de títulos de plena actualidad.

De hecho, su éxito no fue en absoluto fruto de la casualidad, ya que se sustentaba de rigurosos principios, que fueron a la postre los pilares sobre los que edificaron algunos de los juegos de mayor prestigio disponibles en aquella época.

No resulta difícil, pues, extraer un denominador común en muchos de sus trabajos.

Podríamos englobar estas características en tres apartados bien definidos.

TÉCNICAMENTE SUPERIORES

Graficamente los arcades de Konami resultaron una delicia, subiendo el listón bien alto para todos sus competidores.

Además de sus fecundas ideas, es preciso recalcar la proliferación de una gran cantidad de títulos emblemáticos en los más diversos géneros, dando lugar a todo un elenco de juegos que abarcaban desde las plataformas, como fue el caso de Haunted Castle, el remake del primer Castlevania, pero a años luz de aquel; Shooters, como Super Contra, e incluso arcades de conducción, como el entrañable Konami GT, uno de los mayores rivales del galardonado Hang On de SEGA.

JUGABILIDAD AL SERVICIO DE LA DIVERSIÓN

Es evidente que los buenos gráficos no hacen un buen juego, si este falla en su ejecución.

Por fortuna, la compañía nipona se mostró ejemplar en la producción y desarrollo de cada nuevo título comercializado, e incluso antes de que los arcades de la época permitiesen un mayor virtuosismo gráfico, a principios de los ochenta, cada uno de los juegos desarrollados era sinónimo de diversión pura y dura.

Sirvan de ejemplo algunos clásicos de renombre, como es el caso de Frogger, que vio la luz en el año 1.981, con un acabado gráfico minimalista que incluso podría tildarse de simple, pero rico en matices, con grandes dosis jugables y capaz de las mejores cotas de adicción, unas virtudes reservadas para muy pocos elegidos.

Y esta tendencia siguió con otros juegos quizá menos recordados, pero de igual prestigio y necesarios para el desarrollo de la industria, como lo fue el añorado Super Cobra, que sentó las bases para futuras producciones que hicieron las delicias de los aficionados a los “matamarcianos“, donde Gradius se ganó a pulso un sitio de honor en la historia de los videojuegos.

LAS LICENCIAS

Otra de las grandes bazas de Konami, sin duda alguna, fueron las licencias de moda de las que se sirvió para desarrollar algunos de sus mayores éxitos.

Títulos como GiJoe, Las Tortugas Ninja, Los Simpsons e incluso los X-Men son una buena muestra de ello.

Pero Konami no se limitó a servirse de la fama de los personajes en que basaban sus productos para asegurarse unas buenas ventas, e introdujo sendas novedades que justificaban la producción y comercialización de cada nuevo título elaborado.

GiJoe, por ejemplo, resultó pionero por su preciosista efecto 3D conseguido gracias al Scaling, una técnica que se puso de moda con títulos como Out Run, que conseguía variar el tamaño de los objetos en función de nuestra posición en el mapeado.

Con sus siempre efectivas Tortugas Ninja, hicieron no pocas aportaciones al género de los beatem up, consiguiendo un espectáculo visual muy cercano al cómic o incluso a la serie televisada, permitiendo a cuatro usuarios jugar de forma simultánea, y demostrando que la mejor diversión no está en absoluto disputada con unos gráficos propios de unas máquinas de ensueño.

Esta misma temática pudo verse con el juego de Los Simpsons, otro beatem up de corte tradicional donde era posible elegir a los distintos miembros de la cómica familia, a excepción de Maggie, y combinarlos entre sí para dar paso a demoledores ataques, con un nivel de detalle que nada tenía que envidiar a los dibujos vistos en la pequeña pantalla, aunando un apartado visual sobresaliente con la mejor diversión.

LA DECADENCIA

Esta tendencia continuó invariable hasta bien entrada la década de los noventa, cuando los salones recreativos comenzaron a declinar en favor de los sistemas domésticos, de una potencia muy superior a las antiguas máquinas.

Además hicieron acto de presencia otros sistemas arcade que les restaron protagonismo a las placas de Konami, algunos tan célebres como lo son la CPS de Capcom, o las máquinas de Neo Geo, con unos títulos que rivalizaban sin complejos con los mejores juegos disponible para estas viejas salas de juegos.

Desde entonces, la presencia de Konami en los salones arcade ha decrecido de forma constante, dando por finalizada su relación con estas plataformas durante el año 2.003, momento en que los juegos arcades distaban mucho de ser rentables.

No en vano, pocos son los títulos que se lanzan hoy en día para este formato, quedando relegados a máquinas en desuso y a viejas salas que sobreviven meramente por pura nostalgia, cada vez menos frecuentes y abundantes.

Un género, tristemente, de capa caída, que vivió su máximo esplendor durante la época de los ochenta e incluso noventa, cuando la industria de los videojuegos era joven, había una gran cantidad de ideas que exprimir, de licencias que explotar, y la escasa potencia de los sistemas caseros limitaban en gran medida el auge que no tardó en llegar, y que, efectivamente, no se hizo esperar.
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