LOS NIÑOS, ESOS FUTUROS CONSUMIDORES

Super Mario Bros reading Pixel Art Xtreme Retro Culture

Leyendo el número 287 de Ausbanc me topo con un artículo que no tiene desperdicio, titulado “Los niños, futuros consumidores“.

Y lo más triste del asunto es que me sigue sorprendiendo que me sorprenda, cuando en realidad la cosa viene de lejos.

En cualquier caso pueden estar tranquilos, porque nuestros queridos banqueros – esas hermanitas de la caridad, ya saben – no pierden de vista a las deliciosas criaturas.

El báculo de nuestra vejez, para más señas.

Así que, fieles a su política fundamentada en las subvenciones, las ayudas y las compras de voto, organizan todo tipo de eventos con tal de persuadir a los zagales y convertirlos en clientes voraces.

Y los malos de la película son, como sospechábamos algunos, ciertos maestros infames, empeñados en asegurar que un niño con diez o doce años, lo que debe saber es JUGAR, en lugar de cargar con una cantidad de libros y deberes ingente, a imagen y semejanza de los sufridos papás.

En definitiva, se trata de limitar su infancia para convertirlos en consumidores prematuros.

Así de felices seguirán galopando alegremente, tocotoc, tocotoc, hacia la nada absoluta.

Todavía hay tontos del ciruelo – y tontas del frutal que corresponda – sosteniendo imperturbables que jugar no constituye un ejercicio pedagógico.

Mucho menos con las videoconsolas u ordenadores, ya que, según ellos, dedicar tiempo a estos menesteres hace que los chicos se aislen del grupo y descuiden otras actividades mundanas.

Y eso de ir por libre es mentar al diablo: te convierte en pasto de psicólogos y psicoterapeutas.

Cada pequeño cabrón que prefiere dedicarle su tiempo a tamaña afición, en vez de interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos abnegados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca.

Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos más frescos y vete tú a saber.

El otro día, sin ir más lejos, tomé café con un viejo amigo profesor.

Conversamos sobre los antiguos salones recreativos, y el entusiasmo que suscitaba grabar tus iniciales en los primeros puestos con la máquina de turno.

¿Primeros puestos? – matizó –, ahora ni se te ocurra mencionarlo.

Menos en las aulas.

Cualquier competencia traumatiza.

Es como dejar que los niños varones jueguen con pistolas y no con cocinitas.

Te convierte en xenófobo, machista, asesino en serie y cosas aún peores.

Luego me ilustró con una experiencia personal referida a los videojuegos:

Las aventuras gráficas o conversacionales, de las que disfrutábamos antaño, han conseguido lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han logrado en este país de ministros basura.

Que miles de jóvenes aprendan a expresarse y escribir en otros idiomas, con una soltura envidiable, y sin saltarse una sola coma.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.