LOS ORÍGENES DE VENTAMATIC

En la época de los pioneros de la informática personal en España, entre nombres tan ilustres y reconocidos como Indescomp, Investronica, Dinamic o Erbe, surgió una empresa que aportó su pequeño granito de arena a lo que hoy conocemos como Edad de Oro del videojuego español.

Su nombre, Ventamatic, y sus orígenes, las máquinas de vending.

Josep Oriol Tomas, natural de RosesGerona -, estudiante de ingeniería de telecomunicaciones en Barcelona, comenzó a interesarse por el universo de los ordenadores allá por 1.982.

Era en un tiempo en el que, realmente, el propio concepto de ordenador resultaba aún desconocido para la mayoría de los españoles.

Él mismo ha contado en diversas entrevistas un poco acerca de su historia, y cómo fue su bautismo de fuego.

Un día me detuve en un quiosco de prensa y descubrí lo que era el Sinclair ZX-81 a través de las páginas de una revista inglesa.

Entonces, decidí comprar ese ordenador por correo.

Cuando lo recibí, me quedé bastante alucinado.

Le enseñé el ZX-81 a mis compañeros de universidad y automáticamente todos querían uno.

Así que decidí empezar a traer ordenadores para vendérselos.

Todo esto me apasionó“, comenta Oriol.

Sin ser consciente del todo, el universitario se estaba convirtiendo en uno de los primeros artífices de que en nuestro país tuviéramos acceso a los ordenadores personales.

En ese punto, Oriol ya pensaba en el siguiente paso, y lo hizo acordándose de aquellos usuarios que, de golpe y porrazo, tenían entre manos un artefacto capaz de realizar auténticas maravillas, pero careciendo de las instrucciones necesarias para llevarlas a cabo.

De esa forma de pensar surgió lo que Oriol denominó como el Club Nacional de Usuarios del ZX-81.

Como todo club que se precie, estaba abierto a suscripciones.

Dichas suscripciones conllevaban una suculenta ventaja: todo suscriptor recibiría en su casa un fanzine o boletín de carácter periódico, cuyo contenido se nutría con las aportaciones de los propios miembros del club, desde consejos de programación hasta trucos para exprimir a tope el hardware del ZX-81, pasando por listados de código de programas codificados de forma casera.

Tras crear el club – explica Oriol -, los usuarios empiezan a hacer cosas con el ordenador, y algunos de ellos, juegos“.

El auténtico espíritu de la informática de la época, resumido en un párrafo.

Escuchando el podcast El Mundo del Spectrum logré recabar más datos acerca de esta aventura, a través de una jugosa entrevista realizada al propio Oriol.

Por ejemplo, resulta curioso reseñar que, en su día, el gerundense se pateó varios almacenes de El Corte Inglés para repartir copias del boletín que él mismo editaba, toda vez que el ZX-81 de Sinclair ya se distribuía de manera oficial por parte de Investronica.

De esta manera logró que los sufridos dependientes de las tiendas suspiraran de alivio, ya que gracias a aquel folleto, los clientes dejaron de asaltarlos con preguntas y cuestiones acerca de los entresijos de aquel ordenador que habían adquirido en dicha tienda y que no sabían manejar.

VENTAMATIC, DEL TABACO A LOS VIDEOJUEGOS

En el año 1.983, su foco comercial deja atrás el ZX-81 y se fija en el flamante ZX Spectrum, cuya potencia y posibilidades superaban con creces al de su predecesor.

Por tanto, el boletín, aunque mantiene su nombre original, le hace hueco al nuevo miembro de la familia Sinclair.

Oriol, que abandonó los estudios universitarios y pasó a dedicarse en cuerpo y alma a distribuir hardware y software, utilizó la marca Ventamatic para tal fin.

Una marca que había sido creada por su padre a mediados del siglo XX, con la intención de distribuir máquinas de vending – tabaco, chocolatinas… -.

Ventamatic fue recuperada por Josep obedeciendo a la necesidad de cubrir los costes de envíos del boletín y la propia distribución de los ordenadores, accesorios y programas.

Así, Ventamatic llegó a colocar en el mercado una amplia cantidad de cintas de cassette, desde videojuegos que provenían de las propias aportaciones de los suscriptores del club hasta títulos importados desde Inglaterra – programados por compañías tan prestigiosas como Vortex Software o Ultimate -, hasta aplicaciones y utilidades.

Al parecer, este último grupo fue el que propició un mayor éxito de ventas a la compañía, seguramente debido a que el mercado resultaba bastante exiguo en ese sentido: copiones, procesadores de texto, herramientas para llevar la contabilidad, entornos de programación…

Ventamatic llegó a tener a dos programadores en plantilla: Joan Sales, un biólogo que se enamoró de la informática y se asoció al club, y Óscar Domingo, autor de Wreckage, el primer videojuego publicado por la empresa en 1.983.

El resto de programadores, entre los que se encontraban nombres como Joan Domingo, Gabriel Ferraté y José Manuel Gutiérrez, eran socios del club que enviaban sus creaciones para que Oriol las editara si lo consideraba conveniente.

Gracias a los boletines que se preservan escaneados podemos situar temporalmente muchos de los videojuegos publicados por Ventamatic.

Concretamente, en el fanzine editado el 25 de noviembre de 1.983, ya se reseñan títulos como Autostopista Galáctico, Wreckage o Escalador Loco para ZX Spectrum, los cuales podían solicitarse para su compra a la empresa.

Si nos atenemos a estos datos, podemos llegar a la conclusión de que estos juegos vieron la luz antes de que lo hiciera La Pulga, la creación de Paco Suárez y Paco Portalo que suele referenciarse como el primer videojuego comercializado en nuestro país.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.