LOS ORÍGENES DEL SPECTRUM, PARTE 1

Clive Sinclair fue un inventor de probado prestigio.
Sus creaciones abarcan desde televisores de bolsillo hasta los primeros coches electrónicos, aunque en todo el mundo se le recordará por siempre como el máximo responsable del ordenador personal más vendido de la historia: el Spectrum ZX.

En su más tierna infancia Clive se desmarcó como el típico niño travieso, al que le apasionaban las miniaturas y también las matemáticas.
En las aulas consiguió maravillar a sus profesores gracias a su capacidad de aprendizaje, en tanto martirizaba a sus sufridos progenitores desmontando cuanto aparato caía entre sus manos en el seno del hogar.

Era tal su habilidad que incluso siendo joven consiguió fabricar su propia calculadora, que funcionaba con tarjetas perforadas; aunque este logro pasó relativamente desapercibido entre sus más allegados.
Pese a ello, durante el proceso de creación se las tuvo que ingeniar para encontrar un código que hiciera posibles las consabidas operaciones matemáticas.
A grandes rasgos se trataba de un sistema binario basado en unos y ceros idéntico al que utilizaban los ordenadores más potentes de la época, pese a que él desconocía este dato por completo.
Tras la decepción inicial que sufrió al saber que aquel descubrimiento en realidad no era suyo, se entretuvo jugando con toda suerte de complementos electrónicos, ya fuera construyendo amplificadores o radios para sus amigos.
Y de forma paralela surgieron las primeras disputas con su madre, como consecuencia de llenar la habitación con aparatos inservibles y cables de dudosa utilidad.
Llegado el momento prefirió ponerse a trabajar en lugar de cursar estudios universitarios, inicialmente como colaborador en la revista Practical Wireless, aunque no tardó en ocupar un puesto de redactor.

No obstante, invertía sus ganancias en la compra de más componentes electrónicos, que generalmente adquiría al por mayor, a fin de conseguir jugosos descuentos en el precio de adquisición.
Hasta el punto de que dicho importe se convirtió en una de sus manías peculiares, y de este modo llegó a convencerse de que los usuarios comprarían una mayor cantidad de aparatos si estos fuesen mucho más baratos.
Por tanto, si algún día llegase a desarrollar su propia máquina, pondría especial énfasis en que fuera asequible para todo el mundo.
Con apenas 18 años ya había ascendido al cargo de director, a causa de una grave enfermedad del anterior responsable y las continuas quejas del redactor jefe, cuyas obligaciones se multiplicaban de forma exponencial.
De esta forma consiguió amasar una considerable fortuna que invirtió nuevamente en la compra de más y mejores aparatos.
Su pasión le llevó a montar una compañía en pleno 1.961, originalmente destinada a vender modestos ordenadores bajo el lema de “hágalo usted mismo“.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.