LOS ORÍGENES DEL SPECTRUM, PARTE 2

En el año 1.979, coincidiendo con la venta de otros ordenadores personales en las grandes superficies comerciales – tales como el Commodore PET -, Clive se decidió a lanzar su propia máquina de bajo coste a la que bautizó con el sonoro nombre de ZX 80, en honor al año que de su creación.

Aquel ordenador se convirtió por méritos propios en el sistema predilecto para todos los jóvenes que pretendían iniciarse en el BASIC, el lenguaje que ocupaba la mayor parte de su memoria.
Esto fue posible gracias a su irresistible precio, de apenas 180$ – unos 140€ al uso -, que en la práctica era inferior a la mitad del importe necesario para cualquier ordenador de la competencia.
Por tanto, el principal inconveniente de Sinclair no consistía en garantizar las ventas, sino en satisfacer la creciente demanda.

Basta con decir que en la feria de Wembley, donde el ordenador fue presentado en sociedad, se recibieron hasta diez pedidos en los primeros quince minutos.

A fin de mantener el precio inamovible, la compañía se tuvo que enfrentar a una serie de decisiones muy arriesgadas.
De entrada se prescindió de un monitor específico, pudiendo conectar la máquina a cualquier otro televisor – lo que a su vez permitió reciclar un buen número de televisores en blanco y negro, que todavía abundaban en el seno de los hogares – y por si fuera poco, en lugar de la consabida unidad de cassette, era preciso ensamblar la máquina a una radio convencional.

Huelga decir que esta era un arma de doble filo, pues muchos hipotéticos compradores podrían recelar del ordenador al tener en consideración todas las máquinas adicionales que precisaba, aunque felizmente se convirtió en uno de los principales reclamos del ZX 80.

La apuesta de los transistores, muchísimo más baratos que un cassette diseñado de forma específica, tuvo tanta repercusión que incluso se comenzaron e emitir juegos por radio, para que los aficionados los grabasen en una cinta o bien los cargasen directamente desde sus respectivos domicilios.
Por descontado, también supuso el origen de la piratería informática a gran escala, ya que una vulgar cadena de doble pletina permitía duplicar los programas con todas las facilidades mundanas.

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