LOS ORÍGENES DEL SPECTRUM, PARTE 6

A diferencia de las grandes compañías norteamericanas, tales como Broderbund, Epyx o Sierra, que en su mayoría seguían inmersas en el desarrollo  de grandes juegos para Apple II y Atari, en el viejo continente europeo se programaron auténticas obras maestras para el Spectrum.

Llegados a este punto del reportaje convendría destacar la obra de Matthew Smith, un adolescente de origen inglés que desconocía el trabajo de Miyamoto y, pese a ello, consiguió idear un soberbio plataformas que responde al nombre de Manic Miner, con el que no sólo batió todos los records de ventas imaginables, sino que además consiguió acicalar la curiosidad de muchos jóvenes talentos que, a su vez, no tardaron en fundar sus propias compañías.

Durante los primeros años dos empresas británicas se repartieron la mayor parte de los beneficios, Ocean y Ultimate.

Mientras la primera se especializó en exprimir las licencias cinematográficas y juegos deportivos, entre los que destacan títulos del calibre de Match Day y Thompson’s Decathlon, Ultimate se desmarcó con el género de las aventuras gracias al simpar Sabre Wulf, en el que era preciso combatir a mortales insectos en la inmensidad de la jungla con la ayuda de un simple palo y no poco ingenio.

Y es que el ingenio era, con toda probabilidad, el único elemento indispensable para conquistar a los usuarios del Spectrum.

Buena muestra de ello fue el vitoreado Jetpac, un primitivo juego de naves que sirvió para acrecentar la leyenda de Ultimate hasta que finalmente cambió su nombre por el de Rare y comenzó a trabajar en exclusiva, primero para Nintendo, y más recientemente para Microsoft y su consola XBOX.

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