LOS ORÍGENES DEL SPECTRUM, PARTE 7

Por contra, en nuestra península el desarrollo de juegos era un terreno relativamente virgen, hasta que en 1.982 los hermanos Ruíz fundaron Dinamic con gran entusiasmo y tan sólo un modesto ordenador.

Entre sus éxitos más aplaudidos nos encontramos con títulos tan variopintos como Game Over, la serie Moves o Video Olimpic, un juego de atletismo que se consolidó como número uno en ventas en Inglaterra.

Por si fuera poco, resultaba habitual que la gran mayoría de lanzamientos secundarios alcanzasen la friolera de 75.000 y 100.000 unidades vendidas, al módico precio de 875 pesetas, lo que todavía en la actualidad sería una hazaña envidiable.

De hecho, la programación de juegos era tan barata que incluso determinados grupos musicales, como es el caso de Aviador Dro, apostaron por sendas productoras.

Se rumorea que tan sólo pretendían seguir la explosión cultural de la denominada movida madrileña, pero el caso es que Dro Soft publicó a finales de la década títulos de probado prestigio, tales como Antares, El Cid o la primera aventura protagonizada por los gemelos Zipi y Zape; e incluso llegó a distribuir los primeros juegos de Electronic Arts.

Cuando a principios de los noventa el volumen de ventas decreció, Dro Soft se animó a regalar una cinta de música en la que se incluían temas de Loquillo y los Trogloditas, Los Hombres G y algunos exclusivos con cada uno de sus lanzamientos.

Y es que, independientemente del prisma elegido, la epopeya de Dro Soft fue a duras penas la punta del iceberg, pues junto a ella se encontraban los mejores distribuidores de software a nivel nacional: MCM, Topo Soft, Zigurat y muy significativamente Opera Soft.

Precisamente en esta última compañía no apostaron por la cantidad, sino por la exquisita calidad de cada lanzamiento.

Y así, durante el 1.986 – es decir, su primer año en funcionamiento – apenas se comercializó el imperecedero Livingstone Supongo; un título selvático similar al Sabre Wulf, aunque engalanado con toda suerte de retos dignos de mención que obligaban a los usuarios a exprimir su materia gris, si pretendían llevar la aventura a buen puerto.

No obstante, el mayor éxito de la compañía llegó con La Abadía del Crimen, una maravillosa adaptación de la película El Nombre de la Rosa.

Huelga decir que antes de decantarse por una historia, los responsables del proyecto centraron sus esfuerzos en escoger una técnica para emplearla en su próxima creación, y la elección se saldó con la perspectiva Filmation.

Dicha perspectiva situaba la acción desde un punto de vista isométrico, y brindaba a los programadores la posibilidad de generar escenarios tridimensionales mucho más complejos de lo que venía siendo habitual en el Spectrum.

Lamentablemente no consiguieron la licencia del film, aunque el juego no tardó en convertirse en una obra de culto que todavía hoy sigue en el centro de todas las miradas.

Con todo, Sinclair no se contentaba con la idea de vivir de rentas gracias a los programas que otros desarrollaban para el Spectrum, de modo que aceptó una oferta de Amstrad, la compañía rival, para vender su propio negocio y dedicarse a otros menesteres que se diluyeron en el olvido, como el coche eléctrico C5 o el poderoso ordenador de precio reducido QL.

Y así, bajo el mandato de Alan Sugar, la política de la empresa dio una nueva vuelta de tuerca.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.