MAJORA’S MASK, EL EPISODIO MÁS TRISTE, OSCURO E INSÓLITO DE LEGEND OF ZELDA

Se aproxima un mal impredecible.

Lo veo en el horizonte.

Es el fin de un día agonizante, y la ténue luz que todavía persiste refuerza el contorno de las nubes.

Ningún ruido acompaña esta decadente escena.

El viento no sopla ni más fuerte ni más fresco que antes, pero esa terrible Luna ya ha dictado sentencia.

El mal está cada vez más cerca.

Me detengo por unos instantes; nada más excitante o aterrador que mirar esa trágica Luna, portadora de muerte y destrucción.

El primer pensamiento que me viene a la mente es el de buscar abrigo, pero eso condenaría a miles de inocentes.

Dentro de poco el choque será inminente, el viento soplará con fuerza y comenzará a arrancar tejados y árboles, sesgando innumerables vidas a su paso.

Lo que más me aterra, sin embargo, es el silencio.

Un silencio total, que precede a un combate de vida o muerte.

Ese mismo silencio es el que me rodea en estos momentos, y poco a poco va siendo sustituido por el sonido – muy suave – de una brisa en los campos de mi alrededor.

Noto como la presión atmosférica va cambiando.

Ya he presenciado muchas tragedias en mi corta vida.

La mayoría de ellas me cogieron por sorpresa, mientras luchaba incansable por restaurar la paz en mi bienamada Hyrule, de modo que tuve que aprender – y muy rápido – a mirar más lejos, entender cómo controlar el tiempo, ejercitar el arte de la paciencia y respetar la furia de la naturaleza.

Así que procuro dominar el miedo, y ser digno de la confianza que otros han depositado sobre mí.

Me quedo callado y contemplo, una vez más, el dantesco espectáculo que lenta pero inexorablemente va cobrando forma.

La violencia se multiplica por el país de Termina, atravesando los océanos y montañas, y viene hasta mi encuentro.

¿Qué puedo decir?.

Tras meditarlo por lo que parece ser una eternidad, resuelvo que decir no basta, pues las palabras que no se plasman en acciones raramente aportan algo positivo.

Siempre he intentado poner algo de mi parte, y sé que en este preciso momento existen miles de personas anónimas que hacen mucho más que yo, luchando en silencio, sin ayuda divina ni apoyo del prójimo, sólo con tal de no dejarse dominar por el peor de los enemigos: la desesperanza.

Cuando estuve próximo a los Siete Sabios pensé que, si cada cual cumple con su cometido, las cosas pueden cambiar a mejor.

Pero esta noche, mientras contemplo esta Luna asesina, tengo serias dudas.

Tal vez, aunque todos cumplamos con nuestro papel, siga siendo verdad aquella máxima que descubrí tras abandonar a los Kokiri: contra la fuerza no hay argumento.

¿Será cierto?.

Como buen hyliano luché, y me esforcé por crear un futuro mejor para este país mortecino.

Pero cada hora que pasa las cosas parecen más complicadas, independientemente de mis sacrificios, o de la falta de ellos.

Hace escasas horas le pregunté a un ciudadano de Termina por qué no desistían y se mudaban a otro lugar, junto al resto de sufridos habitantes.

Porque es nuestra ciudad – respondió -, y aquellos que no honran la tierra donde están enterrados sus antepasados serán malditos para siempre“.

El hombre que no honra a su tierra no se honra a sí mismo…

Medité sobre estas palabras, consciente del final prematuro al que me enfrentaba.

En otro mundo lejano, donde Hyrule es poco menos que una leyenda, me vi forzado a oponerme contra un desafío mayor si cabe, representado por una diabólica espada conocida como Soul Edge.

Allí aprendí un mito de origen griego, que hace referencia a sus propios dioses y la creación.

Uno de aquellos temibles dioses escarmentó a un tal Prometeo, porque había robado el fuego y con ello dado independencia al hombre.

Furioso, decidió enviar a Pandora para contraer matrimonio con Epimeteo, el hermano de aquel desdichado.

Pero eso no era todo, pues Pandora portaba consigo una caja que tenía prohibido abrir.

Ahora bien, tal como le sucedió al pobre Skull Kid, su curiosidad fue más fuerte: levantó la tapa para investigar su contenido, y en ese momento todos los males conocidos escaparon, esparciéndose por el vasto mundo.

Tan sólo una cosa quedó dentro: la esperanza.

Conque, pese a que todo a mi alrededor parece indicar lo contrario; pese a mi tristeza, la sensación de impotencia, y estar convencido en este momento de que casi nada puede mejorar, no debo perder la única cosa que me mantiene vivo: la esperanza.

Esa palabra siempre tan ironizada por los pseudointelectuales, que la consideran un sinónimo de engaño.

Esa palabra tan manipulada por los gobernantes de todos los reinos, que prometen, sabiendo que no van a cumplir, y desgarran aún más el corazón de la gente.

Esa palabra que muchas veces nos acompaña por la mañana, es herida a lo largo del día y muere al anochecer, para resucitar con la aurora.

Es cierto, contra la fuerza no hay argumento.

Pero no es menos cierto que, mientras hay vida, hay esperanza.

Así que me aferro a la esperanza, y a mi voluntad inquebrantable de moldear este funesto desenlace con todo el valor que alberga mi maltrecho corazón, mientras contemplo el firmamento nocturno y su Luna amenazante…

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.