MARIO KART WII

Es en un juego como éste donde se evidencia lo contraproducente de guiarse por primeras impresiones.

Pensar en lo que supone, y lo que podría haber supuesto, esta entrega de la longeva y fundamental saga de conducción arcade es vital para no justificar alegremente sus nítidos defectos, y suspirar con justicia por una renovación que la franquicia empezaba a reclamar con insistencia.

El mar de opciones que nos aborda en un principio adjunta tramposas intenciones: ocultar sus peligrosas carencias.

La Wii Wheel sirve como un primer contacto cómodo con el espíritu Mario Kart y los juegos de conducción en Wii, recreándonos en un movimiento de brazos sencillo aunque arduo de dominar – especialmente en dificultades avanzadas o a la hora de realizar complejas técnicas -.

Cuando asumimos que la Wii Wheel no es la opción más brillante para destrozar tiempos en el contrarreloj, agradecemos a Nintendo que permita jugar de modo tradicional.

La falta de ímpetu y autodeterminación, parcheando un juego bastante limado aunque aún imperfecto, es una constante que desglosaremos a continuación.

ACARICIANDO POSIBILIDADES

Tras la salida en falso del control – buen momento para homenajear a uno de los grandes juegos incomprendidos de Wii, Excite Truck, por su valentía y completo conocimiento de lo que debería significar el Alfa y Omega en un arcade – el apartado gráfico no resulta alentador.

Es técnicamente muy similar a la entrega de GameCube, que ya nos decepcionó en su día y por consiguiente, sigue resultándonos insuficiente.

La irregularidad gráfica prosigue con texturas policromadas en colores pastel, excesivas y rozando el mal gusto – añado, al cual Nintendo rara vez nos tiene acostumbrados -, aunque el juego termina robándonos el corazón de forma ruin al permitirnos jugar con personajes como Rey Boo o Estela de Mario Galaxy.

El elenco de personajes es equilibrado, aunque echamos en falta a R.O.B. de Mario Kart DS – muy de moda últimamente por los crossover de la compañía… -.

Desaparece el desastre de los karts dobles de Double Dash!, y se incorporan las motos, con trazada más compleja y mayor ligereza, un añadido irrelevante que pretende lucir una profundidad inexistente.

En los circuitos comienza la debacle de Mario Kart Wii.

La anchura nos parece excesiva, aunque soporte por primera vez 12 corredores, creando un aburrido vacío si jugamos los cuatro usuarios de siempre.

Salvo honrosas excepciones – el nuevo Rainbow Ride, las minas de Wario, el castillo de Bowser o la senda del Arce -, los circuitos son pastiches de niveles ya jugados, creando una incómoda sensación de déjà-vu incluso en el primer contacto.

Aquí es donde entra en juego uno de los aspectos más injustificables de Mario Kart Wii: el modo para un jugador y la nefasta IA.

Lejos de pretender ser un arcade puro, donde la velocidad prima sobre el jolgorio y abuso de ítems – que es sin duda la sal y pimienta de la saga -, Nintendo ha perdido el sentido de la medida de forma sonrojante: una CPU maquiavélicamente tramposa, que logra arrebatarte el primer puesto a base del indiscriminado bombardeo de descompensados ítems sin ningún tipo de pudor.

Decepcionante y meramente transitorio – y excusa para el desbloqueo de pistas, otro cáncer a erradicar en la industria -, el modo para un jugador es una ofensa y una mera antesala para la esperada modalidad en red.

CAPARAZONES EN LÍNEA SIN TRAMPA

Aunque haya hecho falta generación y media para ver un Mario Kart de sobremesa online – la fantástica versión de DS se quedó a medio camino -, aquí sí que Nintendo ha puesto los puntos sobre las íes.

Desaparece el incómodo sneaking – cansina técnica que premiaba a los más pacientes y habilidosos con turbos infinitos, conduciendo los karts como si Yoshi tuviese problemas con el bourbon – a favor de un cómodo y bien implementado sistema de maniobras aéreas especiales – con un simple golpe de Wiimote basta -.

Se exige timing a la hora de golpear el volante o el Wiimote de forma seca justo cuando realicemos un salto impulsado, beneficiándonos al asentarnos en el suelo.

Aclaro que los mini-turbos por los derrapes continúan existiendo – indispensables a la hora de arañar segundos al crono – pero son más livianos, y tan sólo necesitamos mantener la trazada.

El modo Fantasma es sin duda lo mejor del título, permitiéndonos descargarnos partidas rivales de jugadores parejos a nuestros tiempos, en busca de la mejora paulatina – espíritu arcade, aquí sí -.

Esta modalidad redime por completo los vagos e insufribles defectos de su modo en solitario gracias a su fluidez, cantidad de opciones y optimización – podemos incluso instalar un canal en el menú de Wii para visitar nuestros récords sin introducir el disco -.

Ganar carreras y no ser acosado continuamente por un caparazón azul o ver cómo nuestros rivales se caen por precipicios por culpa de errores humanos es un alivio tras sucumbir ante una enfermiza CPU asesina, que parece controlada por el ordenador del mismísimo Stephen Hawking.

Pero nos quedamos con una sensación amarga.

Se han implementado nuevas opciones como el Wiimote o un espléndido modo online, ambas de modo correcto, aunque huelga decir que haber patinado en cualquiera de estos dos puntos hubiese sido impensable y completamente imperdonable.

Nintendo no se ha arriesgado, no ha buscado un giro de tuerca en una saga que se podía permitir esta edición como canto de cisne, porque a efectos prácticos, el multijugador, auténtico leit-motiv de la serie, sigue siendo espléndido, vibrante e inmortal.

Pero aviso para navegantes: Nintendo no puede seguir viviendo de las rentas de pasados éxitos.

Ninguna otra compañía ha demostrado saber renovarse como ésta, por lo que no nos sirven excusas.

EN SÍNTESIS

Aunque la crítica general pueda sonar quisquillosa, creednos, debía serlo.

Este Mario Kart es jugoso, con todos los logros que ha tenido siempre, aunque nos resulta insuficiente imaginando lo que Nintendo podría haber publicado.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.