MENSAJES QUE LLEGAN A BUEN PUERTO

Durante mi etapa al mando de Old School Generation comenté religiosamente cada artículo publicado en los blogs que frecuentaba.

Una vez al día procuraba sentarme frente al ordenador y dedicarle unos minutos de mi tiempo a cada redactor que, desde el otro lado de la barrera, consideraba oportuno sorprendernos con algo nuevo.

Por descontado, también intenté responder a todos mis lectores, salvo a aquellos que ocasionalemte mentaron a mis muertos más frescos, de forma anónima claro está.

No obstante, estos últimos comentarios eran mis favoritos, pues resultaban cuanto menos delirantes, y me permitían ahorrarme el preciado tiempo de la respuesta.

Lamentablemente, con la reciente puesta en marcha de Xtreme Retro eso ha dejado de ser posible, pues en esta etapa inicial el trabajo necesario para limar las pequeñas asperezas de la web se ha multiplicado de forma exponencial, y no me permite disponer de más tiempo para invertir en otros menesteres.

Durante las próximas semanas seguiré participando en todos vuestros blogs, como de costumbre.

Pero he llegado a la inequívoca conclusión de que, ahora mismo, no podría atenderlos como es debido, y la mayor parte de esos artículos quedarán sin respuesta por mi parte.

Necesitaria una secretaria para tal fin, pero esta última idea carece de sentido, pues un comentario de manos mercenarias no es lo mismo que un texto de pata negra.

Por eso recurro hoy a Xtreme Retro para aclarar esta lamentable justificación personal, y asegurar que, en la medida de mis posibilidades, seguiré leyendo con suma atención vuestros artículos.

Es mucho lo que aprendes, y lo que te diviertes, y lo que terminas de ver que antes no veías, en esa especie de espejo que son todas las webs que frecuentamos: amigas, entusiastas, enemigas, decepcionantes, cálidas, tiernas, y un largo etcétera; e incluso en mi condición de autor, al recibir de mis lectores el mensaje que una vez lancé en una botella.

Como decía, muchas cosas he aprendido de mis compañeros,  a pesar de haber crecido con un mando o teclado entre las manos.

Y, a modo de curiosidad, también he podido constatar la absoluta falta de sentido del humor en unos pocos lectores.

Sin ir más lejos, lincharon mi anterior blog por un mísero gif animado, que visto lo visto me ensalzó a la categoría de rey del porno.

En una ocasión hicieron notar mi exacerbado machismo al referirme a Sonic como un erizo varón, asumiendo que – en contra de lo que diga SEGA -, bien podría tratarse de una hembra.

En cierto momento tuve la ocurrencia de ensalzar la contribución de las mujeres a esta industria cada vez más pujante, y me tacharon de pelota consumado e incluso de “comepollas“, o algún calificativo por el estilo que no consigo recordar con exactitud.

Otra nota corriente es la suspicacia corporativista de determinados colectivos.

Conté, verbigracia, que un conocido informático era un pirata consumado durante uno de mis podcasts, y un reducido número de informáticos escribieron molestos por despotricar contra su honrado gremio.

Y para qué les voy a contar la de políticos que mancillé por expresar abiertamente mis opiniones en Twitter o Facebook.

Eso, sin olvidar a los lectores que aseguran que me voy a condenar por ateo y blasfemo – en esto probablemente coinciden con mis familiares -, o a aquel que me preguntó sin tapujos si yo era maricón de vicio o de nacimiento, por tratar juegos como el Cho Aniki.

Incluso me han sugerido recientemente que el final prematuro de Old School Generation era merecido, pese a tratarse de un blog de opinión personalísima y subjetivísima, pues una cabecera tan hermosa se prestaba a equivocaciones, y los lectores no esperaban toparse con un gif animado que mancillaba la página, o comentarios referidos a imperdonables violaciones.

Pero hasta en estos casos agradezco el interés que han depositado en sus doloridos y extensos comentarios, explicándome muy al detalle los pormenores de mi mala conducta y dudosa dignidad.

Por descontado, estos son ejemplos extremos y nada representativos, pues lo habitual es recibir mensajes tiernos y amistosos.

Como los de Roy Ramker, a quien he privado de no pocas horas de sueño en la creación de esta página, o mi queridísimo amigo Juan Prados, con el que he tenido el placer de coincidir en el pasado Salón del Manga, o Marina, quien ha tenido a bien instruirme en las bondades del pixel art.

A todos ellos y a muchos como ellos, a los que nunca respondí, quisiera agradecerles toda su atención y cariño.

Y también es justicia hacer saber a mis compañeros de profesión, Toni, Gelchan, Javier, Tiex, Tuxlive, Deka Black, Xisco, DarthKafka, Adol3, ElXuxo, JoseJa y compañía, que sus artículos llegan a buen puerto, y cuando tengo un rato libre, sentado entre viejos libros y un silencio casi sepulcral, me pierdo en sus textos, sus pensamientos, el rumor de sus sueños y la amistosa resaca de sus vidas.

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X.R. se nutre de juegos sobradamente conocidos, pero también de algunos considerados malditos por las habituales asociaciones de bienpensantes, y otros tantos injustamente olvidados. Rebuscamos en el fondo de nuestros archivos para traer aquellos títulos que todo el mundo debería probar, junto a las historias que se cuentan entre susurros en la industria del ocio electrónico. Pasad, pasad... bajo vuestra propia responsabilidad.